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Capítulo 42: La clave es no pensar

¡Buenas noticias!, conseguí seguir la fic hasta el Capítulo 50 que está por terminar. El resumen y arreglo de los juegos me llevó lo mío per...

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sábado, 26 de noviembre de 2016

Capítulo 36: Los caminos de la oscuridad

Con esto de Nano, unos proyectos y otros quehaceres se me olvidó no solo subir el Capítulo sino también seguir la fic. Es como siempre, comienzo con una cosa y luego sigo con otra que me entusiasma más. En este caso un fic de Cinna y Katniss para un reto. Que no sé si culminaré antes del 30, tal vez deba publicarlo en fanfiction ahora, por si acaso, ya veré. Mientras os dejo esto que ya toca.


Capítulo 36. Los caminos de la oscuridad.



Sin salida.

Llevaban demasiadas horas encontrando túneles sin salida. Prácticamente desde que habían ido a buscar la dichosa pradera y ella personalmente se estaba hartando.

Maika golpeó la pared frente a ella, rabiosa, uno o dos túneles cortos,eso había dicho Jack. El problema fue que esos dos túneles nunca aparecieron, porque la cueva era un laberinto con vida propia. Los caminos cambiaban, los túneles se movían y la ruta se hacía imposible de cruzar, ya fuera por muros obstáculos o, incluso,trampas.

Tenía la sensación perpetua de estar moviéndose para nada, girando en redondo, eso hacían. Hubiese sido mejor que se quedasen donde estaban. Allí al menos estaban seguros.

–Debimos habernos quedado a esperar a Nolan, él sabría mejor sortear las trampas. – Se quejó Annabelle y ella le fulminó con la mirada. Lo que faltaba, que ese niñato rebelde se reuniese con ellos, no necesitaba a alguien que le frustrase las pocas oportunidades de vivir.

–¿Quién te dice que sigue vivo?–Le respondió, malhumorada, lo que le valió una sonrisa confiada de la chica del distrito ocho.

–Los profesionales todavía no están aquí. De no estarlo hace tiempo que nos estarían buscando. – Explicó. Por un instante Maika quiso borrarle esa estúpida sonrisa de la cara, estaban perdidos, ¿cómo demonios podía estar tan confiada? Pero la mano de Jack la detuvo ala par que él negaba suavemente con la cabeza.

–Eventualmente nos encontrará. Le dejamos suficientes señales.–Pretendía tranquilizarla, a ella y a Cris. Pero el chico del doce no lo hizo.

–Pues no sabría decirte. Hemos dado tantas vueltas que ya no recuerdo el camino de regreso al campamento. –Dijo entonces, el chico del siete, sin embargo no se rindió.

–¿No dice tu gente que lo último que se debe perder es la esperanza?–Cris simplemente se rió. –Venga, acamparemos aquí, esto comienza a oscurecerse demasiado y a saber cuanto aguantarán las linternas.–Nada más pronunciar esa sentencia todos se sentaron y justo cuando comenzaban a lamentar sus reservas casi agotadas, una trampilla pareció abrirse sobre sus cabezas.

–¡Comida! – Exclamó Annabelle nada más ver las latas y bocadillos caer. – Gracias, Cecelia. – Venía adjuntada una nota de "Cenad chicos, os lo merecéis. Y nos os preocupéis por Nolan." Que la hizo sonreír todavía más mientras abría una lata de ensaladilla. Ahora los chicos se hallaban más tranquilos, comiendo y charlando, sin sospechar de que pronto esas cuevas que habían encontrado tan "seguras" tendrían unos visitantes poco amistosos.


– ¿Por donde vamos a entrar?–Giannira culminó de preparar su mochila para sentarse al lado de Sean. Quién observaba su hoja con un esbozo de la arena, impaciente, terminó señalándole la única entrada que no te obligaba a cruzar el luminoso bosque, justo antes de tener que guardar la libreta debido a las apresuraciones de Robin. Afortunadamente les habían hecho ver, tanto a él como a su compañera de distrito, que si escogían ese lugar era porque ya tenían demasiado bosque recorrido sin encontrar a la alianza del chico del distrito siete. Y las cuevas conectaban con toda la arena. William estaba a punto de dormir, mientras que Cynthia y Miller todavía no habían acordado turno de guardia. Teniendo que zanjar él la discusión, escogiendo a Cynthia.

– Tened cuidado. – Les dijo la aludida en voz baja, a Sean, Robin y Giannira. La chica sonrió asintiendo por los tres.

– Vosotros también. – Respondió, amable. Robin la observó frunciendo el ceño pero no dijo nada. Cogieron sus armas y bajaron, encontrándose con las mismas luciérnagas que había visto Sean anteriormente. Él sonrió.

– Hola bonita, ¿nos llevas hasta tu hogar?–Robin rodó los ojos un poco crítico, mientras que Giannira se rió. – No es broma, la he visto dirigirse anteriormente hacia las cuevas. Conoce el camino. – Ella hizo una mueca, desconfiada, ya se lo había dicho Finnick, "la belleza es traicionera". Era esa la única pista que le había podido transmitir antes de que partieran a la arena. El problema era que no sabía cuanto de traicionera era esa "belleza".

El puntillo brillante hizo un círculo alrededor de su cabeza antes de partir hacia el horizonte, Sean sabía que no debía fiarse de los caminos que indicaban los vigilantes, que podían llevar a trampas in-sorteables. Pero necesitaba avanzar de algún modo, eso sin contar la ayuda cuyas señales todavía no había terminado de encontrar. Era mejor comenzar a confiar.

Y eso se confirmó enseguida cuando el punto luminoso desapareció tras la oscuridad de una entrada a las cuevas. El chico sacó su linterna a la par que Robin se ponía unas gafas nocturnas. La caza comenzaba.


–Increíble, este lugar es inmenso. ¡Eco, eco!–Giannira sofocó una risa nada más oír a Sean. El chico podía bien estar en los juegos,seguía comportándose como un crío. Robin por su parte rodó los ojos, de mal humor.

– Como sigas así los vas a espantar a todos. – Le reprochó. El chico del distrito cuatro se rió.

– No creo que lleguen muy lejos, ¿escucháis?–Llevaban un tiempo con un mismo sonido, como si algo se desplazara, los caminos cambiaban automáticamente sin un patrón definido. – Las paredes se mueven, quizás nos ayuden a aportar acción. Este día ha sido demasiado tranquilo.

– Aun así, no creo que debamos propiciar la huida de víctimas. – Contraatacó el chico del dos. La luciérnaga hace tiempo desaparecida se manifestó ante ellos, ¿o quizás era otra? No sabría decirlo, solo que comenzaba a frustrarle andar siguiendo lucecitas tontamente sin ver ningún tributo. Ya apenas estaba seguro de por donde andaba el camino de regreso. Afortunadamente no era él quién guiaba, sino Sean. El chico del distrito cuatro tenía mejor sentido de la orientación. Las luces fueron aumentando de una en una hasta que de repente se encontraron con varias de golpe, custodiando una pared llena de cristales reflectantes. Sean se detuvo maravillado.

– Increíble. – Repitió para si mismo dando unos pasos hacia el muro. Las luciérnagas se mantuvieron alrededor, sin tocarlo siquiera, permitiéndole admirarlo todo.

– No son más que cristales brillantes. – Le quitó importancia Robin. – Vámonos Sean, aquí no hay más camino. – Quiso apremiarlos pero ni Sean ni Giannira se movieron del sitio. La segunda incluso abrió la boca para hacer notar algo que los demás no habían visto.

– Está roto. – Señaló un extremo del muro con el dedo, donde en lugar de cristales yacían huecos y cristales resquebrajados. – Allí, alguien debió tirarle algo. Incluso hay cristales pequeños en el suelo.

– Sí, quizás sí sean algo más que cristales. – La apoyó Sean acariciando la pared a la par que se desplazaba. – ¿No es así, Radón?– Su voz se tiñó tenebrosa, a la par que un chico rubio pegaba un salto del susto. Lo cual hizo que el cristal que sostenía le resbalara de las manos y le hiriera. Tuvo que entonces huir, dejándolo atrás. Sean maldijo cuando su cuchillo aterrizó demasiado tarde.

– Odio las persecuciones. – Se quejó. – Nunca me entusiasmó la idea de matarles por detrás. Ni siquiera en los entrenamientos.

– Puedo ir yo delante, estoy deseoso de atravesar tributos. – Robin sonrió de forma sádica, ofreciéndose, y en cuanto tuvo acuerdo corrió hacia el camino que había tomado el chico antes. Ni siquiera se acordó del fragmento de cristal que le había caído. Lo que si hizo Sean.

– Lindo. – Dijo simplemente recogiéndolo. Mientras que Giannira hizo lo propio con su cuchillo y se lo dio. – Gracias ¿Los seguimos?–Asintieron siguiendo la estela que dejaba las bandas grises del traje del chico del dos. Pero de nuevo se oyó aquel ruido, el de paredes moviéndose, creando túneles que les retrasaban hasta que, inesperadamente, Sean fue empujado hacia un lado. Por Nolan.


Unos pasos. A apenas unos pasos del lugar hacia donde el chico del ocho lo había empujado se encontraba lo que pudo ser la sentencia de Sean. Unos pinchos que parecían surgidos de la nada en e momento menos inesperado. Giannira no pudo evitar que el miedo se reflejara en su semblante, había estado punto de perderle. Así, sin preverlo, ni pedirlo, casi por arte de magia.

Nolan por su parte soltó un suspiro de alivio, y en cuanto la trampa pasó se separó del chico del distrito cuatro, quién se levantó, soltando un silbido al ver de lo que se había salvado.

– Desde luego astucia no les falta. Esta cueva tiene de todo. – Aduló a los vigilantes, más sorprendido que asustado. – ¿Qué haces aquí Nolan?

– Buscando a mi alianza. Se supone que entraron aquí en busca de una salida a la pradera pero no los encuentro ¿Crees que lo consiguieron? Estás cuevas son un maldito laberinto. – Explicó quejándose.

– No lo sé, pero al menos estamos a la par. – Se rió Sean, despreocupado. – Nosotros perseguíamos al chico del distrito cinco. Aunque reconozco que tus aliados serían un premio más sustancioso ¿Quieres jugar a un juego Nolan? El que los encuentre antes puede hacer lo que quiera con ellos. – Sonrió siniestramente, haciendo que tanto ella como el chico del ocho le observaran algo asustados.

– No gracias. – Nolan intentó zanjar la discusión rápidamente, lo que hizo el chico pelirrojo se riera, divertido.

– Era broma. – Afirmó a lo que Giannira rodó los ojos con una expresión semejante a una sonrisa. – Vámonos Gianni.–Entrelazó su mano desocupada a la suya con el fin de apremiarla, y el chico del distrito ocho suspiró observándoles. Había algo entre ellos, no podía dejar de notarlo, y aunque debería admirar a Sean por ello, no podía evitar envidiarlo al pensar que él nunca podría llegar a ese nivel con Cynthia. Aunque era mejor así.


Siniestra, así había sido la mirada de Sean después de proponer ese juego, Giannira quería creer que era fingida, que realmente su compañero de distrito no pensaba en hacerle mal a nadie. Pero llevaba demasiado tiempo conociéndolo como para saber que Sean Kingsley nunca fue un chico bueno, que ocultaba cosas, y que algunas de ellas no eran malas pero sí sospechosas. Los caminos siguieron cambiando a la par que Sean intentaba agudizar el oído para captar algo. Ella por su parte, simplemente se dejaba guiar, correr sin rumbo claro esquivando trampas. En eso consistió la mayor parte de su ruta en la oscuridad hasta que en la salida descubrió algo inesperado.

La pradera.

Se hallaba allí, visible como si nunca estuviera oculta, en el centro el chico del cinco y el del dos batallaban, si a eso se le podía llamar el proceso de ataque –fallo de Robin. Había algo alrededor de ellos, a simple vista ella no podía distinguirlo, pero le pareció verlo a su lado, enfocando la vista en el trozo reflectante que sostenía Sean. Una rama oscura recubierta de pinchos, parecía tener vida propia, tanta que le hizo ahogar un grito en el momento en que Robin dió un paso en falso y esta se enrolló en su cuello. El cañonazo sonó al instante.

Por un momento se quedó paralizada, incapaz de procesarlo, el chico del distrito cinco levantó la vista, abrió grande la boca y escapó corriente. Un salto en el momento menos esperado lo había librado de ser otra víctima. Sean por su parte apenas pestañeaba.

Indiferencia, frialdad, era justo eso lo que se podía ver en tributo del distrito cuatro al observar a su anterior aliado muerto. Una mirada vacía y sin sentimiento.

– ¿Está...?–Giannira no había terminado su frase cuando él asintió, pero fue suficiente. Era increíble la sangre fría de este chico. Tan inusual... La chica no salía de su asombro. – Ha sido esa cosa, la planta... La vi en el espejo. – Articulaba despacio, él se limitó a virar el cristal, interrogante. Viéndolo entonces, también.

–Waouh. –Articuló entonces. – Realmente esta arena está llena de secretos. – Sonrió acercándose al muerto a la par que vigilaba la planta por el cristal. No era que no apareciera mirando al suelo, al contrario, pero parecía distinta, bella y atrayente. La pura definición de la belleza traicionera que les había indicado Finnick. Y no era la única. El cristal dejaba ver muchas más flores y plantas en negro.–Ahora comprendo porque Jack buscaría esta pradera, si cada una de esas plantas es peligrosa o venenosa, le permitirían hacerse vencedor en apenas unos días. Siniestro.–Se agachó a examinar las pertenencias de Robin, cuando la chica lo detuvo.

–¿Qué haces? Dejalo.–Le ordenó algo asustada.

–Aprovechar cualquier cosa que nos sea de ayuda antes de que se lo lleven. Venga, debemos de buscar a Radón, no creo que ande muy lejos. –Le explicó.

–No me imaginaba que conocieras su nombre. –Dijo ella.

–Yo no me imaginaba que no lo hicieras. Menuda conquistadora estás hecha, Giannira. – Se burló haciéndola reír. Cogió todo lo que pudiera guardar de su antiguo aliado y lo metió en su mochila. Luego ojeó el horizonte, pensativo, y se puso a caminar por la pradera buscando a su objetivo.


Y si Giannira recién había culminado de procesar la muerte del chico del distrito dos, el del distrito cinco no se permitía asumirlo, aún tenía el miedo en el cuerpo. La necesidad de correr hasta ponerse a salvo, terminó introduciéndose de nuevo en la cueva, por otra entrada. Para luego advertir que no le seguían.

Se detuvo oteando la boca de la cueva, intrigado, el chico del distrito cuatro examinaba a su aliado, impasible. Había algo extraño en su mirada, como si la muerte no le importara lo más mínimo, le aterraba. Aunque no fuera un hecho inesperado en un profesional entrenado para matar.

Siguió observando, a pesar de haberlo perseguido los chicos parecían más interesados en explorar la pradera que en él, algo que le aliviaba. Tendría tiempo de ponerse a salvo, si encontraba un escondite en aquel mítico laberinto. Decidió hacer lo de siempre, explorar hasta encontrar un lugar útil, no importaba que lo único que supiera hacer bien fuera esconderse, mientras sirviera para mantenerlo vivo lo aprovecharía. Siguió caminando en una cueva demasiado silenciosa, apenas llevaba una linterna y algo de comida en una mochila, hasta ahora había sido suficiente. Lamentó haber perdido su cristal, que ahora yacía en manos del chico del distrito cuatro, no tenía nada para defenderse. Pero más tuvo que lamentarlo cuando alguien lo golpeó por detrás.

Una espada, eso tenía el chico del distrito dos. Algo que en sus manos podría evitar que todo se volviera negro.


– ¿Se puede saber que haces, Jack?–El regaño de Cris llegó demasiado tarde, el chico del distrito cinco ya yacía en el piso, sin posibilidad de salvación pacífica.

– Lo necesario. – Se explicó el aludido. – Ese privilegiado del distrito cuatro volvió a ganarme en un paso. Necesito averiguar como situarme a la par. Y este chico puede tener información valiosa. –Se acercó a examinarlo comprobando que no le había dado mal, que seguía vivo. Maika se acercó junto a él para ayudarle a llevarlo, con una esperanzada sonrisa. Mientras que él chico del distrito doce seguía con los brazos cruzados en una postura demasiado madura para alguien de su edad.

– Esto no es una maldita competición entre tú y él ¡Razona!–Le exigió, pero su aliado no se inmutó.

– Si no te gusta mi forma de proceder siempre puedes irte. Nadie es imprescindible en esta alianza. – Le respondió, indiferente. Iba a responder pero Annabelle le sostuvo la mano negando, obviamente que podía irse, pero aquello no haría más que reducir sus posibilidades de supervivencia. Cañonazo aparte, los profesionales seguían siendo un grupo de cinco demasiado bien entrenado. No podía vencer en solitario. Ni siquiera estaba seguro de poder hacerlo en grupo sin una buena estrategia.

Tuvo entonces que callar, seguir al grupo en pos del refugio en pos de los túneles que habían encontrado cuando misteriosamente las trampas se desactivaron y pudieron seguir andando tranquilos. Poco después averiguaron que era por culpa de los profesionales. Algo nada difícil dado la poca discreción de estos, todavía sonaban en su mente los cánticos despreocupados de Sean. "Eco, eco" El chico del distrito cuatro se pasaba el tiempo actuando como si no tuviera nada que temer.

Y después de verlo tirar tan bien en el baño de sangre, Cris casi podía asegurar que tenía razón de hacerlo.

– Dejemosló aquí. Eventualmente despertará y podremos preguntarle todo. – Ordenó Jack, depositando al chico. La chica del distrito ocho hizo una mueca, esto no le gustaba nada, daría lo que fuera por estar de vuelta al bosque junto a Jara. No importaba que Cris estuviera en la alianza, no se sentía nada segura, hubiera incluso preferido unirse a Nolan.

Nolan, Cecelia le había dicho que no debía preocuparse por él, eso significaba que estaba bien. Pero, ¿donde estaba?, ¿podría volver a verlo? Las paredes de las cuevas seguían moviéndose, no tardando mucho en darle la respuesta. Cuando justo en el momento en que se sentaban a relajarse y descansar, saciando su sed con botellas que habían rellenado de un curioso riachuelo encontrado en su búsqueda de una salida, oyó una voz.

–Al fin os encuentro, menudo laberinto, ¿no creéis?–La voz de Nolan sonaba despreocupada, completamente ajeno al hecho de que quizás no fuera bien recibido por todos. –Esperad, ¿que hace Radón aquí?, ¿al final te aliaste a él, Jack? ¿Está bien?–Tanto el chico del distrito siete como la del nueve le observaron sorprendidos, no sabiendo responder con otra cosa que el silencio.

Al fin la alianza se había vuelto a reunir.
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Tachán, tachán, reunión familiar! #OkNo XD. Me he cargado otro tributo, el chico del distrito dos, sé que parece extraño tan pronto para un profesional pero no por ello su muerte fue al azar. Permitió a la pareja del distrito cuatro descubrir cosillas ;). Quedan once tributos. Uno menos y llegaremos hasta los últimos diez. En cuanto pueda actualizo la lista de tributos en juego, esto se anima :D

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Queridos tributos, aunque me encanta que esteis aquí y me leáis, me gustaría aún más que me dejarais vuestra opinión. Es lo que me anima a seguir la historia más que nunca.^_^