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Capítulo 40: Las primeras chispas

Como ya voy por el Cap ítulo 46 seguiré publi cando. La fic me está llevando más capítulos de los que imaginé pero son tan épico s que me d...

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martes, 14 de marzo de 2017

Capítulo 40: Las primeras chispas

Como ya voy por el Capítulo 46 seguiré publicando. La fic me está llevando más capítulos de los que imaginé pero son tan épicos que me da algo. Todavía me cuesta creer lo bien que logré conectar mis antiguas ideas en estos juegos con las nuevas. En este capítulo vereís un poco más del pasado de Sean Kingsley y su plan en estos juegos. Espero que os guste :)


Capítulo 40: Las primeras chispas


Cuando uno planea un golpe tan destructivo, como lo fue el asalto al edificio de justicia durante la retransmisión de la penúltima etapa de la Gira de la Victoria de Ennobaria: la fiesta en el capitolio; debe calcular todo al milímetro. Así habían hecho los rebeldes a partir del esquema que había elaborado Matt Fisher, aunque por aquel entonces ese chico no era más que un miembro más de la organización, cuyo hermano mayor y también miembro, se había presentado voluntario en los Sexagésimo Segundos Juegos del hambre, para salvarle, sucumbiendo a ellos de una forma horrible.

Pero, en ocasiones, ocurren imprevistos que lo cambian todo, y hace ya cuatro años esos imprevistos habían convertido al chico Kingsley en una leyenda...

La trampilla del conducto cedió fácilmente, haciendo acceder al niño que era por aquel entonces, al centro del edificio de justicia. Debía de reconocer que estaba excitado, era la primera vez, desde que hacía parte de la organización, que participaba en un plan de acción, y no precisamente como maniobra de distracción. Y todo había sigo gracias a Matt, gracias al esquema de trampas en cadena que había diseñado para incendiar el edificio de justicia. El esquema y la relación tan cercana que tenía él con el líder de la organización rebelde: Zachary Leinor.

El mismo que se hallaba en el centro esperando por él y los últimos tramos de aquella artimaña. Un joven de veinte años cuya vida pacífica se había cortado de golpe cuando lo que la gente del distrito llamaba “accidente”, y los rebeldes “represalias encubiertas del Capitolio”, entre otros nombres no tan sutiles, terminó con sus padres, y casi con él también. Pero, extrañamente, había sobrevivido, porque uno de los más jóvenes agentes de la paz, recientemente incorporado a ese distrito nada más alcanzar la mayoría de edad, había tenido piedad de él, que por aquel entonces solo era un chiquillo asustado de catorce años. Bueno, más que piedad, desde ese día Mark se había convertido en un agente doble que lo protegía siempre, a saber por qué.

¡Bien hecho, chico Kingsley!–Lo felicitó el hombre alto, de pelo castaño liso y ojos turquesa. – Eres como una astuta ratita.

Sean rió, encantado con el cumplido que le había dedicado su tutor y líder. Todavía no podía creer que lo hubiese convencido de lo correcto de su participación, era cierto que era algo peligroso a la par que desmesurado. Pero desde que había visto aquella luz en los ojos grises de Matt, cuando lo pescó diseñando aquel esquema en el derecho de un plano, una luz con la que en aquel momento no había podido evitar sentirse identificado, no había podido echarse atrás.

Porque al igual que el chico, estaba encendido, los Sexagésimo Segundos Juegos del hambre se habían introducido en su mente de una forma sorpresiva desde la muerte de Denalie Cresta, a manos del profesional del distrito dos. Tenía pesadillas constantes, e, incluso, alucinaciones. Y lo odiaba, realmente lo odiaba, lo hacía sentirse débil, frágil y manipulable, como si no fuera más que una pieza de cristal resquebrajándose por todos lados. Por eso no había vacilado en ayudar al joven rebelde a convencer a su líder de tomar represalias, al ver aquel esquema mortífero del edificio de justicia y como destruirlo. Necesitaba hacer algo que le hiciera sentir que volvía a tener control de sus emociones y su destino.

Terminó de colocar la última trampa e, inseguro, acarició el hueco que habían formado las llamas en su guante, el día de su iniciación como arma secreta de los rebeldes de su distrito en los juegos, un hueco que formaba un símbolo que había definido a dos de los antepasados de su familia, durante los días oscuros. En aquel tiempo, al igual que Nolan, era un idealista, creía que con presentarse voluntario con dieciocho años, para luego demostrar en los juegos que era más rebelde que profesional, podría alzar a todos los distritos bajo un solo fin. No había advertido lo astuto y tétrico que podía ser el Capitolio, a la hora de manejarlo todo, hasta que conoció a Finnick Odair.

¿Crees que funcionará?–Preguntó entonces. –Esto se está desarrollando de una forma demasiado fácil.

Y tenía razón, el edificio de justicia apenas se hallaba vigilado aquel día, los rebeldes se habían introducido dentro de una forma demasiado sencilla, incluso para tratarse de un día en que la verdadera acción estaba en la plaza del distrito.

O al menos eso era la impresión que tenía, y le hacía sentirse muy inseguro.

¡Claro que sí! El plan es perfecto.–Aseguró entonces Zachary, directo, y él asintió, todavía vacilante, incapaz de sostenerle la mirada. Entonces su líder dudó, desviando la mirada a los lados, inquieto.

Había un motivo obvio, además de sus raíces, por el cual los rebeldes habían hecho lo posible por tener a Sean Kingsley en sus filas, a pesar de su temprana edad. Ese niño era demasiado inteligente como para desperdiciarlo, demasiado perspicaz. Si después de comenzar a ejecutar un plan tan bueno, como el que le había presentado Matt, tenía dudas, era porque algo no estaba yendo bien.

¿Sabes?, quizás tengas razón.–Dijo Zachary, justo en el momento en que el ruido de un disparo hizo saltar al niño, casi temblando.

¿Qué pasa?–Preguntó, pero su líder no contestó, sino que cogió el transmisor que estaba usando para comunicarse con los rebeldes, en esa operación, y le hizo la misma pregunta a Mark, una pregunta cuya respuesta no tardó apenas unos segundos en llegar:

Pasa que tenéis que iros, ¡los dos! Vi a los agentes entrar por una de las puertas de emergencia, parecen tener un plan en mente, un plan del que yo no estoy enterado, por cierto, pero cuyo objetivo es demasiado obvio. No sé como no me di cuenta antes, como no lo vi durante los juegos, ¡vienen a por ti, Zack!” Al oírlo Sean no pudo evitar mirar a su líder y amigo alarmado, no estaba seguro de poder soportar perderlo ahora mismo. “Vienen a por ti, y probablemente a por los miembros más importantes de la organización para hacerla caer. Intentaré desbancar su plan, pero tú y el niño debéis huir, ¿me oís? ¡Debéis huir!, ¡no importa que para ello tengáis que abortar plan!

En el momento en que el líder apagó el aparato estaba prácticamente temblando, lo cual sorprendió mucho a Sean ya que creía que Zachary había vivido lo suficiente para no temer a la muerte. Pero era obvio, por la luz que brillaba en sus ojos, que ese temor no iba a detenerlo ahora.

¡No pienso abortar plan!–Afirmó más para sí mismo que para él, cuando los ruidos y disparos se hicieron más comunes a su alrededor, parecía realmente enfadado. Seguidamente sus ojos conectaron y dijo, con auténtica preocupación:

Deberías irte, chico Kingsley, eres demasiado joven para morir. –Sean negó con la cabeza, no podía irse ahora. Era superior a sus fuerzas –Sean...–Volvió a intentarlo, pero se interrumpió al sentir la forma en que ahora lo abrazaba el niño.

¡No!–Dijo entonces Sean, desesperado. De ser un niño normal, en vez de un rebelde entrenado como un profesional, estaría llorando, sin embargo en su lugar había una gran determinación. –¡No pienso perderte sin luchar!

Pero chico...–Intentó hacerlo razonar, cuando la cercanía de los ruidos de pasos le hizo advertir que debían actuar cuanto antes, o sucumbirían los dos. –Está bien. –Cedió. –Pero vamos a tener que iniciar el incendio en otro punto. –Y se separó de Sean, dándole entonces la mano, decidido a protegerlo a todo precio.

Corrieron a través de los pasillos del edificio de justicia, escapando más de los agentes que de otra cosa, a su alrededor oía gritos, disparos y pasos similares a los suyos, lo que indicaba que no eran los únicos rebeldes luchando contra la “justicia” en aquel lugar. En algún momento, Zachary se detuvo para abrir una caja metálica y bajar todos los interruptores que se hallaban en su interior, apagando de golpe todas las luces del edificio. Y entonces encendió el mechero.

Pero era demasiado tarde para que ninguno de los dos soñase con huir, la luz de las linternas de dos agentes se manifestó en la sala, acorralándoles, y uno de ellos, en un tono potencialmente autoritario, gritó:

¡Cyrus Delray! ¡Deténgase, en nombre del Capitolio!–Zachary no pudo más que echarse a reír, dejándolo desprevenido.

Parece que al fin sabéis mi auténtico nombre. –Declaró, con una gran sonrisa, ante los ojos sorprendidos del niño, todo el miedo parecía haberse desvanecido de su rostro y en su lugar solo había valor. –¡No importa lo que hagáis, ¿me oís?!–Gritó entonces bien alto, para hacerse oír a través del bullicio de gritos y disparos, en el que se había convertido el asalto, y Sean vio como el mechero brillaba entre sus manos, reluciendo como un pequeño fuego entre la oscuridad. –No importa lo que hagáis ¡No podéis detener el fuego de todos los distritos! En el momento en que se prendan las primeras chispas vuestro imperio se tambaleará.– Hablaba como si se estuviera dirigiendo más al Capitolio que a los agentes de la paz. De los cuales vio como uno de ellos levantaba su arma y disparaba, haciendo caer a Zachary antes de que pudiese iniciar el fuego…


–¡Sean, despierta!–El grito de Giannira lo hizo volver a la realidad de la arena, advirtiendo que ella le miraba muy asustada. No le sorprendió verla en su tienda al despertar, ya desde el día de ayer le había insinuado, a su modo, que ya no tenían porque mantener las distancias entre ellos. Menos desde el aviso de Cynthia. –¿Estás bien? No parabas de moverte y susurrar “no”, desesperado. –Le susurró. –¿Con qué estabas soñando?

Sean sacudió la cabeza, incorporándose, era obvio que Finnick Odair no era el único que tenía problemas para dormir sin soñar, en estos juegos, él también. Ya en el tren había vuelto a tener pesadillas, pero eso era algo a lo que se había acostumbrado desde los Sexagésimo Segundos Juegos del hambre. No le había preocupado hasta el día en que había soñado con la despedida de Denalie Cresta, haciéndolo preguntarse si todavía tenía cabos por atar.

–Zachary. –Murmuró, haciendo que ella le observara tan inquieta como perspicaz, conocía ese nombre, solo había habido un Zachary en el distrito cuatro con él que Sean había tenido contacto en el pasado. Aunque, por aquel entonces, ella creía que era porque el hombre había sido su tutor personal, para ayudarle a ponerse al día con los estudios, a la par que se recuperaba de la depresión, que decían que le había surgido, como consecuencia de ver a su hermana Lorena ejecutada ante todo el distrito, por crímenes contra el Capitolio. Un hombre que tras un asalto rebelde hecho al edificio de justicia, durante la retransmisión de la Gira de la Victoria de Ennobaria, se había convertido en un mártir para los rebeldes del distrito cuatro.

Había demasiados rumores en torno a aquel incendio, a cada cual más disparatado: unos afirmaban que el hombre era quién lo había iniciado, otros aquel agente de la paz que se confesó culpable y rebelde, poco después, y otros otra persona. Aquel al que solían llamar “el chico sin miedo”.

Sean entonces se apartó de ella para ponerse a revisar su mochila, en un intento de alejar el incidente del edificio de justicia de su cabeza. El incidente y lo último que recordaba antes de que todo adquiriera un tinte demasiado rojo en su mente, rojo y brillante, como la llama que había brillado en las manos de Zachary entonces...Y sin embargo… Estaba seguro de que no había sido su líder el que había iniciado el fuego. No le había dado tiempo. Lo hizo él.

–Giannira. –Susurró. –No te parece extraño que un profesional como yo, haya recibido las armas justas para iniciar un incendio, cuando hasta ahora no había dado indicios de querer o siquiera saber hacerlo, durante los juegos. –Ella entonces lo miró, recordando que no lo había visto en ningún momento durante la retransmisión, en cambio a sus padres sí. Era algo extraño ya que no creía que los Kingsley dejasen a su niño mimado solo, durante una noche tan importante como esa. Desde la muerte de Denalie Cresta, Sean no parecía estar bien, aunque ella no lo conocía lo suficiente como para saber por qué.

Y entonces surgió aquel incendio y los Kingsley miraron asustados al edificio de justicia, a la par que todo se volvía un caos en la plaza del distrito cuatro. Su padre le agarró de la mano, a ella y a su mujer, instándole a mantenerse juntos para luego huir hacia la casa. Varios habitantes del distrito lo imitaron, mientras que otros, esperaron a que los primeros rebeldes salieran del edificio. Todavía recordaba la mirada encendida del hermano de su tributo muerto en los Sexagésimo Segundos Juegos del hambre, aquel chico de dieciséis años, gafas, y ojos grises, que le había parecido ver correr hacia el edificio de justicia, cuando el ruido de la pantalla del Capitolio dejó de ser capaz de ensordecer los disparos que de ahí provenían: Matt Fisher. Una mirada que volvió a ver entonces, antes de que sus padres la obligaran a ignorar lo que estaba pasando en el distrito cuatro; y luchar por volver a la tranquilidad de su casa. Él había sido uno de los primeros rebeldes en regresar vivo del edificio de justicia. Vivo y con ganas de luchar.

–No me digas que tú...–Articuló entonces ella, cayendo en la cuenta de que fue justo desde aquel día, que Sean empezó a comportarse como si fuera un niño travieso con todo permitido en el distrito. Sus bromas en el colegio siempre habían sido épicas, y por ello lo admiraba. Pero en ningún momento se había detenido a pensar que esa actitud, que lo hacía ver como uno de los chicos más traviesos y valientes del distrito cuatro, pudiera estar relacionada con aquel suceso, y la leyenda del chico sin miedo. Creía que aquello era solo una fantasía que habían creado los rebeldes, a base de sabotear plan tras plan del Capitolio, para ejercer la justicia en el distrito cuatro.

Sean asintió y, inesperadamente, la besó, trayendo recuerdos a su mente. No era su primer beso, ese se lo había dado en el ascensor del Capitolio, después del desfile, cuando le confesó que estaba enamorado de ella desde que tenía uso de razón. Pero incluso así, la sensación que le había recorrido entonces no se había desvanecido, ese choque de energías que en vez de repelerse se complementaban. Agua y fuego, calma y tempestad. Estaban conectados, lo habían estado desde jóvenes solo que hasta ese momento, en ese día, ella no lo había advertido.

–Perdoname, Giannira. –Le susurró entonces, Sean, agarrándola como si le fuera la vida en ello. –Aquel día, cuando éramos jóvenes y me dijiste que estabas conmigo, sin importar la forma en que ya te miraban tus amigas por asociarte conmigo, pude cambiarlo todo. Abrazarte y permitir que me consolaras, utilizando tu presencia a mi favor para ahuyentar el terror de mi mente. Pero no lo hice.

Sean entonces la miró a los ojos, con un brillo semejante al arrepentimiento en su mirada. Recordaba aquel día, el querer acercarse al chico desde el momento en que lo había visto cambiar, cuando Denalie cresta fue tirada a la lava que rodeaba el lugar del banquete, por el profesional del distrito dos, muriendo abrasada. Sean estaba sentado en las escaleras de su colegio, dibujando absorto, a la par que pestañeaba como si cada vez le costara más concentrarse en lo que hacía. Parecía tan perdido, tan desolado, tan roto, que no pudo evitar acercarse. Procurando consolarle al decir que sentía mucho lo de Denalie, que sabía cuanto la apreciaba.

Sean le había dicho que no se preocupara, que se recuperaría, justo cuando una de sus amigas les interrumpió, para pedirle a Giannira que partiera a junto de ella, y ella obedeció silenciosamente. Para cuando la mano de Sean Kingsley se posó sobre la suya y dijo.

Gracias. –Y no pudo más que mirarle incrédula, ¿por qué el niño hacía eso? No es como si hiciese la gran cosa.

¿Por?–Inquirió la niña que era por aquel entonces, y Sean observó a sus amigas con una extraña y natural envidia, al contrario de ella, él casi nunca estaba acompañado en el distrito, menos desde que rumoreaban que había enloquecido. Finalmente dijo:

Por preocuparte por mí, muy poca gente lo hace. A veces me siento algo solo.–En aquel momento la tristeza que albergaban sus ojos le había parecido tan palpable... Era como si se estuviera rompiendo en un millón de trozos, sin que ella pudiese hacer nada. Había querido abrazarle, abrazarle buscando el mejor modo de consolarlo, pero como todavía no existía semejante confianza entre ellos, solo dijo:

No lo hagas, estoy contigo.–Y pasó solo un segundo, apenas un segundo mientras el niño pestañeaba como si no terminara de procesar lo que acababa de decirle, un segundo en el que los dos estuvieron a punto de hacer una tontería: Abrazarse cuando en ningún momento se habían dado tiempo de conocerse lo suficiente, como para tener esa cercanía. Antes de que la volvieran a llamar, haciéndola partir de su lado, pero la promesa seguía en su mente…


–No te preocupes. –Dijo entonces, Giannira. –No tienes nada de que disculparte, me conformo conque sigas dispuesto a aceptar mi presencia a tu lado. –Sean entonces suspiró, como si vacilara por un momento, pero asintió. Si quería cumplir su objetivo, mantener sus buenos sentimientos hasta que su mentor, y demás rebeldes encubiertos, advirtiesen lo que estaba pasando en estos juegos, la necesitaba a su lado. –Bien. –Susurró entonces y, elevando la mirada al cielo, decidió dejar de actuar como si estuvieran solos en la arena, y dijo, en voz alta:

–Cambiando de tema, ¿crees que Nolan ha tenido ocasión de ver tu mensaje? –Sean dejó de revisar cosas en la mochila, sonriendo un poco, justo cuando sonó un cañonazo.

–Si todavía no lo ha hecho, me temo que le falta poco. Lo conozco tanto como me conozco, Gianni, sé que tras ver lo que le hice ver anoche en las cuevas, está a punto de explotar. –Contestó, sonriendo con auténtica malicia, en definitiva, Sean era un auténtico peligro en la arena, no sabía como no lo había advertido antes.

–Sí, en definitiva, ¡estos juegos están siendo increíbles!–Dijo ella, con auténtica emoción, aunque sin elevar demasiado la voz, y los tributos del distrito cuatro se rieron muy animados. Aquellos juegos no le podían estar saliendo mejor.


El cañonazo no solo despertó a William, que había decidido descansar un poco para que su brazo se recuperase mejor, sino que, también, hizo que Cynthia, algo sorprendida, elevara la mirada al cielo, despertando algo en ella. Acababa de advertir que si los cálculos de Sean no se equivocaban, y hasta ahora no lo habían hecho, quedaban solo diez tributos en la arena. Diez tributos divididos en dos grupos, la alianza de Jack, y la suya propia. Era el momento definitivo y todavía no estaba segura de qué hacer a partir de ahora. Solo de que estaba cansada de que William matara de esa forma tan cruda por ella, le hacía sentirse horrible y aquello no le gustaba, y que de ningún modo iba a permitir que los demás profesionales traicionasen a Sean y a Giannira, los apreciaba demasiado para ello, por más que quisiese vivir.

–No te preocupes. –Le susurró William, al ver miedo y preocupación en los ojos ambarinos de la chica, sabía que el cañonazo podía haber sido debido a cualquiera, pero la alianza de Jack estaba tan unida y dotaba, que dudaba mucho que pudiera perder un miembro a estas alturas. Era obvio lo que había ocurrido, el chico del distrito siete se había anticipado a ellos de nuevo, y se las había arreglado para eliminar el único tributo que restaba además de ellos, antes de tiempo. Echando por tierra, inconscientemente, todo el plan que habían armado para atrapar al chico del distrito cinco, antes de acabar con estos juegos de una vez por todas. –Todo saldrá bien. –Aseguró y rápidamente se incorporó, intentando pensar un modo de afrontar la batalla que les esperaba esta noche.

Si bien su brazo seguía sin estar recuperado, al fin, podía moverlo con cierta efectividad. Evans tenía razón, aquel cicatrizante era muy fuerte. Tenían buenos patrocinadores, podían ganar, sin embargo, después de ese cañonazo no podía evitar estar intranquilo. Su plan acababa de caer en picado, literalmente. Y aquello no le gustaba nada, le hacía sentir que estaba perdiendo el control de los juegos, el cual tal vez nunca hubiera tenido realmente, ya que de ser así Nolan no estaría vivo, lo habría atrapado, al igual que a todos los tributos que ahora formaban una alianza contra los profesionales. No habrían escapado de ellos en tantas ocasiones, porque los vigilantes no le habrían dejado.

Y aquello, en definitiva, le hacía sentirse tan asustado como inseguro ya que significaba que no importaba cuanta gente matara o como, los vigilantes… No estaban… De su parte.

¿Pero entonces de parte de quién están?” Se preguntó, elevando los ojos al cielo un instante, frustrado. No podía creer que todo lo que había hecho hasta ahora no hubiera servido de nada, se negaba a ello.

–Sean, Miller, Gianni, ¿habéis oído el cañonazo?–Llamó la atención de sus compañeros de alianza, al tiempo que abría la tienda del chico del distrito cuatro, que al parecer ya estaba despierto también, y había estado hablando con su compañera de distrito.

–Sí. –Dijo Sean, completamente mentalizado, mientras que Miller apareció tras William, bastante excitada también, sabía que se acercaba una buena batalla ahora mismo.–Debo de admitir que me ha sorprendido. Creía que tendríamos que encarganos del chico del distrito cinco, esta noche, y, si podíamos, lograr reducir la alianza de Jack hasta la batalla definitiva contra ellos. En fin.

Sean se encogió de hombros y William no pudo evitar notar que parecía bastante tenso, pero después de que Cynthia hablase con él, hace varias horas, no le extrañaba. Le había dado la misma ventaja que había tenido Finnick Odair el año pasado, alguien que le avisara del peligro antes de que se produjera. Para así cumplir con la petición de su chica, y darle al distrito cuatro la oportunidad de huir y trazar una estrategia, que podría llevarles tanto a la final como a la muerte. Pero el curso de los juegos lo había precipitado todo.

–Vamos a tener que tejer un buen plan.–Dijo William, asumiendo el mando de la operación, bueno, poco importaba que los chicos del distrito cuatro no pudiesen huir, era incluso mejor así.

Cynthia suspiró al ver como los demás profesionales, de nuevo, se ponían a planear como lograr matar a aquellos chicos, pero de nada servía protestar ahora mismo ¡No saldría de los juegos así! Lo sabía de sobra. Debía establecer un plan de acción, al igual que los demás.

Al inicio, Miller apostaba porque se juntasen todos los profesionales y los buscasen, el problema era que ya lo habían hecho otras veces, en pequeños grupos, y no había funcionado. La arena era demasiado grande, podrían pasarse horas buscando, unas horas que sus enemigos podían aprovechar para atraerlos hacia alguna trampa. Eso sin contar que el chico del distrito siete actuaba como si conociese todos sus planes, a base de simple observación.

–Aparte. –Terció Sean. –Apuesto lo que sea a que es precisamente lo que espera Jack. El momento justo en que vayamos todos hacia él, para hacernos caer en alguna trampa a los cinco. Mientras hacía las trampas que hice el día en que Cynthia y Giannira se quedaron en la Cornucopia, me fijé en que varios de los utensilios para ellas, habían desaparecido. Y de los tributos el único que no vi nunca en ese puesto, que como todos sabemos siempre es frecuentado por chicos de distritos desfavorecidos buscando un modo de abastecerse a través de la arena, es Nolan. –Nada más oír ese nombre William se tensó, cómo no… El chico del distrito ocho había demostrado no estar para nada mal dotado de trucos, a lo largo de los juegos, y que uno de ellos fuera precisamente ese no le sorprendía.

–Resumiendo que es obvio que como vayamos todos juntos allí, caeremos directo en su juego. –Comprendió William, enseguida. –Pero me niego a quedarme aquí esperando como un cobarde a que me maten ¿Todavía tienes el mapa que dibujaste de la arena, antes de partir anoche? Ya sé que no es exacto, pero quizás si nos dividimos conseguiremos cubrir los puntos claves de cada camino y así acorralarlos en algún lugar que no puedan usar para vencer. Las cuevas son terreno de los vigilantes, ¿verdad?

Al ver la forma en que asentía el chico del distrito cuatro se dio cuenta de que él podría no ser el único enterado de como funcionaban los juegos de verdad, a quién podías convencer para vencer. Ya fuese llamando su atención, comportándote como el profesional ideal, o, utilizando el público a tu conveniencia. Y era obvio, desde el momento en que había confesado su amistad con Finnick Odair, en su entrevista, la táctica que estaba utilizando Sean.

–Entonces quizás podamos usarlas. –Sugirió. –No estoy seguro de que piensan los vigilantes de estos juegos, pero dudo mucho que ahora estén dispuestos a apoyar a un tributo como Nolan hasta el final, solo porque el público quiere verlo enfrentarse a mí. No son tan idiotas.

–Pero William... –Protestó Cynthia, algo asustada –¡No podemos separarnos ahora, y menos quedar a merced de esa gente!–Declaró en voz alta, haciendo que su chico la observase algo crítico. –Son mucho más imprevisibles de lo que puede ser cualquier persona. Están dispuestos a lo que sea para sacar a su vencedor y entorpecer a los demás. Podrían hacer cualquier cosa, ¿comprendes? Cualquier cosa para perjudicarnos, y nosotros no podríamos evitarlo ¡Es así como dominan los juegos! –Enfatizó la última frase de tal forma que sonó como una protesta, agachando la cabeza al advertirlo. No podía salir de los juegos así, en definitiva no, pero estaba harta de seguirle el juego a su chico por una estrategia que, visto lo que había ocurrido en los juegos, quienes habían sobrevivido, no funcionaba.

William no manejaba todo en esta arena, al contrario.

–Cynthia, compréndelo–Dijo entonces William, con mesura y temor. –Es la única forma en la que podemos tener una oportunidad de ganarles. Ellos conocen el terreno, pero no el modo de cambiarlo, nosotros tal vez sí. –Ella suspiró pero asintió, tal vez tuviera razón, pero no dejaba de estar asustada. Cada vez estaba más cerca del final, de que tuviese que ver morir a William o Nolan, si es que no los dos, ante ella, y todavía no estaba segura de como podría evitar detenerles. Menos poder soportar todas las emisiones del Capitolio sobre ellos, si ganaba los juegos.

Y sin embargo, al igual que todos, necesitaba vivir.

Sean rebuscó en su mochila hasta sacar una pequeña hoja, debía reconocerlo, estaba muy tenso, intuyendo que cada vez se acercaba más al momento de perder a Giannira. Sabía lo que pasaría entonces, intentaba evitarlo, pero bien sabía que aquello, al igual que su sueño de apartar a los Capitolinos de Finnick, era simplemente utópico.

Y no solo eso sino que, a pesar de lo que había dicho al Capitolio, no estaba muy seguro de que Nolan y él tuviesen ocasión de reencontrarse y acorralar a los demás, eso dependía de los vigilantes y no sabía si estos ya habían advertido su pequeño juego. Iban a tener que ser muy astutos.

–Dadas las veces que cambiaron las cuevas anoche el que hice antes no habría servido de nada.–Declaró. –Pero por fortuna siempre he tenido una intuición prodigiosa y he estado haciendo otros. Este es el bueno. –Afirmó, mostrándosela a los profesionales y sonrió al ver las entradas que se abrieron y cerraron, quizás su plan no tuviese tantas fallas después de todo. Solo tenía que manejarlo todo bien hasta que se produjese la siguiente explosión.

Porque entonces, tal y como había dicho Cyrus aquel día, no importaba lo que hiciese el Capitolio, sería demasiado tarde para frenarlo.

domingo, 12 de febrero de 2017

Capítulo 39: Primera explosión

Tengo una racha utimamente, ya llevo tres capitulos de golpe en unos días y no creo que me cueste conseguir el cuarto cuya única pega es que va a ser, muy, muy, movido. Y es que entre unos planes y otros nos acercamos a la final, una final que, en definitiva, va a cambiar muchas cosas, pero para eso todavía faltan bastantes capítulos. Entre ellos este. Disfrutenlo :D

viernes, 27 de enero de 2017

Capítulo 38: Tensión desmesurada

Sigo cumpliendo cada vez mejor con los tiempos, y es que he pasado de no saber como seguir el juego a tenerlo demasiado claro en apenas dos meses, final de los juegos incluida xD. Y lo amo mucho muchísimo ya que significa que después de llevar cuatro años, y cada vez más días, con la fic, por fin le veo el desenlace :D

domingo, 25 de diciembre de 2016

¡Feliz navidad y capítulo de regalo!

Hago esta entrada para enviar el 25 deseando una ¡Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad! ¡¡Prospero año y felicidad!!
FIN
ajajajaja. Es broma :p . Aquí está mi regalo. Por una vez que cumplo los tiempos aprovecho! :P. Nos leemos en cuanto pueda :D

Capítulo 37: Juegos desvelados.

La noche corría tranquila tras el Capitolio, todo lo contrario de lo que se había visto en la arena hasta ahora donde cada hora de oscuridad significaba un nuevo peligro. La primera todo había ido a cuenta de los profesionales, dejándolos decidir como llevar el juego, a quién matar primero, al igual que en el baño de sangre. Sin embargo para la segunda los vigilantes habían decidido tomar el mando con su primer muto, y esta ruta se evidenciaba bien en esta tercera, cuando la, hasta ahora, tranquila cueva se había convertido en un lugar infestado de pasadizos y trampas dispuestas a llevar a los tributos donde ellos deseaban.

Aunque quizás no del modo exacto en que deseaban.
Era eso lo que rondaba la cabeza de Leslie McCartney al ver caer al chico del distrito dos, por causa de aquella planta. Que algo había salido mal, pocas veces los vigilantes decidían eliminar a los tributos fuertes tan pronto. Podía jurarlo no por su visión de simple espectadora, sino también de hija de un antiguo vigilante jefe. Aquello debía de haber sido un error, un paso en falso del chico, y otro de quién sea que estuviera vigilando aquella zona.

Se mordió el labio tan nerviosa como sorprendida por la posterior tranquilidad. Giannira y Sean tenían una ventaja injusta, lo sabía, pero tampoco podía pecar de cumplidora después de saber, por medio de su marido, que los vigilantes estarían del lado del distrito uno una vez más. Y todo por su culpa.

Porque aunque fuera su niño el elegido en los juegos, pretendiendo que todo fuera un castigo por la partida con Evans. Ella no dejaba de pensar que este asunto iba con ella, por negarse a la petición de su padre.

– Da miedo, ¿eh? La forma tétrica en la que se desarrolla todo.–Una voz femenina la hizo virarse, sorprendida, se hallaba en una gala donde la atracción principal eran los juegos del hambre. Allí se celebraban fiestas y reuniones con los vencedores que así lo deseaban, a cambio de apoyo, ayudas, y, sobre todo, patrocinio. Como principal patrocinadora de William y Cynthia era su responsabilidad estar ahí, dispuesta a atender a Evans en cuanto lo necesite. Ayudarle con su propio dinero, como pago a la salvación de su hijo, para que uno de los se haga con la victoria.

–Lyra.–Saludó a la estilista del tributo del distrito cuatro con además sereno, frunciendo el ceño ante el hecho de que hubiera cambiado su larga y ondulada melena castaña chocolate por una rojo fuego. –¿Qué haces aquí?–Inquirió, no era que los estilistas estuvieran prohibidos en las galas, al contrario, ayudaban a los vencedores a captar patrocinadores. Pero no es que a Sean le faltasen, personalmente.

– Vigilar un poco a mi modo ya que no puedo acceder a la sala de mentores. Y Finnick tuvo que escapar de nuevo con esa bruja. –Soltó un suspiro aludiendo a Thalía, no terminaba de comprender porque la vigilante le había citado en una noche tan transcendental como lo estaba siendo esta. Y además estaba esa trampa de la que se había librado Sean gracias a Nolan ¿En qué dirección iba todo esto? Estaba comenzando a tener miedo ella también.

Leslie asintió despacio. Tenía su propia teoría de a quién llamaba bruja, aquella mujer atractiva de pelo rizado rosa y ojos dorados, que había partido con Finnick hacia una de las habitaciones del hotel en donde se hallaban. Aunque no estaba segura de la razón de ese sobrenombre.

– Creo que… Entiendo, pero, ¿para qué lo necesitas? Tus tributos están bien, y de no ser así tampoco se te permite ayudar. –La mujer se quedó callada un momento en el que a Leslie le pareció que estaba apenada, casi desesperada, algo extraño comparado con la sonrisa que adornaba sus labios cuando la abordó.

–Lo sé, es solo que… Podemos hablarlo fuera, ¡por favor!–Parecía tan desesperada, tan suplicante que Leslie simplemente se dejó engañar y salió tras ella, sin siquiera vigilar la pantalla de los juegos.

– ¿Hermosa noche, verdad?–Inició la plática la estilista, tranquila de nuevo. –¿Te aseguraste de que no te siguieran?–Le susurró, la mujer asintió, todavía confundida. –Bien.

–Lyra, ¿qué significa todo este secretismo? ¿Qué pasa?–Preguntó. Lyra suspiró.

–Nada, solo… Estoy intentado hablar con todos los que, como tú, parecen concernidos por estos juegos. Ver si como yo reconocen los castigos o vendettas dispuestas. El chico que salió elegido antes que William, ¿era tu hijo, verdad?–Asintió todavía sin comprender, ¿por qué quería hablar con ellos? ¿Acaso estaba buscando señales de rebeldía entre su gente?

–Ya veo. ¿Eres consciente de qué si el Capitolio tiene previsto aquello como castigo volverá a salir elegido? De hecho todavía no comprendo porque permitieron voluntarios en primer lugar. –Las últimas frases fueron dichas en voz bastante baja. Leslie se quedó callada, tenía parte de razón, si la elección de John fuera prevista como un castigo no debería haber nadie que le impidiera ir a los juegos. Incluso siendo el voluntariado un derecho universal de los distritos no debería haberse producido de la forma en que lo hizo.

Y sin embargo así fue. Había habido voluntarios y por causa de ello William estaba en los juegos. Porque en el distrito uno la cosecha del tributo masculino se había desarrollado como si fuese una edición habitual. Un elegido, varios voluntarios, y uno que se imponía a los demás.

Solo que en este caso este voluntario tenía una historia.

¡¿Era mi hermana un maldito pez para que la cogieras con una red?!” Le había gritado a Finnick aquel día, en la gira de la victoria. Sin duda aquel momento era primordial, no era la última vez que las familias de los fallecidos en una arena reaccionaban de forma inapropiada ante el vencedor. Sin embargo no siempre se le concedía a la persona enloquecida el privilegio de, no solo no ser castigado, sino también probar suerte el año siguiente en los juegos. Esas cosas sólo ocurrían cuando significaban audiencia.

– Espectáculo. –Susurró después de un tiempo. –Todo esto ha sido hecho en favor del espectáculo. –Repitió, Lyra por su parte apretó los puños.

–Obviamente, “Los juegos de la venganza”– Entrecomilló algo rabiosa. –O al menos lo serían si todo fuera a salir como lo planearon nuestros “amados” vigilantes. –De nuevo otra palabra enfatizada, y una sonrisa maliciosa que inquietó a la patrocinadora. Lyra avanzó unos pasos delante de ella para después girarse, su expresión había vuelto a cambiar.

–Leslie, probablemente esta pregunta esté totalmente fuera de lugar pero, ¿cómo es posible que tu hijo salga elegido siendo tu partida al distrito uno algo acordado y aceptado desde el Capitolio? Eso sin contar que para entonces nadie imaginaba que tendrías un hijo con tu vencedor. Es extraño.–Meditó, serena, sin ningún atisbo de maldad. Sintiéndose culpable, Leslie agachó la cabeza.

–Eso es porque no cumplí mi promesa. –Murmuró arrepentida. –No traje a John al Capitolio cuando mi padre lo pidió. Yo… No quería que viviera aquí, no quería que estudiara aquí, no quería… –Ahogó un sollozo ante la sorprendida mujer. –No quería que se convirtiera en un vigilante como mi padre exigía. Me horrorizaba imaginarlo teniendo que trabajar para matar tributos, a la gente como Evans. –Lloró con más fuerza y Lyra le ofreció un pañuelo. –Así que, así que...–No pudo culminar la frase.

–Te negaste.–Dijo la otra mujer por ella, mientras Leslie se limpiaba las lágrimas.

– Todo esto es por mi culpa. –Sollozó. –Si hubiera aceptado mudarme entonces. Obligar a Evans a dejar su distrito por nuestro niño quizás…

–No. –Dijo la mujer pelirroja cogiéndole las manos. –Todo esto es culpa del Capitolio. Él es el único que debería pagarlo. –Sentenció.

–Pero...–Intentó protestar de nuevo pero Lyra le tapó con la boca, su expresión había mudado a una extrema severidad.

–No digas más, ¿sí? Sabes que nada cambiará si lo haces. Que yo… Él… –Discretamente sacó algo de su vestido, una llave de la cual colgaba un llavero hecho de hilos rojos y naranjas entrecruzados. Macramé. – Tiene razón pero…

Una caricia alrededor del objeto, dos, sus recuerdos se hacían más y más nítidos. Ella… Nunca había apreciado al Capitolio, la opulencia, la injusticia, la violencia y la crueldad en televisión. La forma en que manejaban aquellos chicos año tras año y no solo a ellos.

Todo estaba manejado, todo estaba controlado y la única manera de ser libre era… Era… Negó con la cabeza frenéticamente procurando ignorar las imágenes que se agolpaban en su cabeza. Todo lo que había visto, el dolor, la crueldad y… Sean.

“Lyra, si no vuelvo… ¿Me harías un favor?”

Todavía recordaba aquella luz en su mirada, la misma que le creía haber visto antes de las entrevistas, cuando el joven despotricó contra el presidente ante ella. Lo culpaba del suplicio de Finnick Odair. A él y a aquella mujer:

“Me gustaría matarlo, cortarlo, descuartizarlo incluso. Lo cierto es que aún no lo tengo decidido. Pero no importa, ¿verdad?”

No podía hacerle nada. Lo sabía y aún así su mirada parecía tan fría, tan cruel, tan… ¿Rota?

Lyra no sabía precisarlo. Pero le entristecía verlo así.


La luz que le despertó era demasiado intensa para tratarse de la del sol. Alguien se hallaba ante él, enfocándolo con una linterna. Se incorporó con sorpresa descubriendo que ni siquiera estaba atado. Qué situación más extraña. Radón intentó recordar lo que había pasado, alguien lo había agredido, lo había golpeado pero, por alguna razón no le había matado.

La linterna se apartó un rato, a la par que él oía un suspiro masculino. Pero en cuanto intentó lanzarse sobre el dueño de la linterna fue empujado al momento, sus ojos enfocando los ojos azules del tributo masculino del distrito ocho.

– Tranquilo. Sólo estaba comprando que estabas bien. – Dijo este, culminando de revisar su cuerpo y asintió. El otro chico no pudo hacer más que observarlo muy confundido. No entendía nada.

– ¿Qué ha pasado?– Preguntó despacio. – Creo que alguien me dió en la cabeza. – Se sostuvo la nuca, incómodo. – ¿En qué parte de la cueva estoy? Las dos primeras noches esto estaba muy tranquilo pero hoy no ha parado de moverse; y el chico del distrito cuatro casi me mata. – Ante eso su interlocutor sofocó una risa, conque por eso lo perseguían, interesante.

– Sí, Sean es así de “amable” con la gente. – Enfatizó la palabra amable a la par que el otro chico arqueaba una ceja. – ¡Qué curioso!, Jack, me comentó que te encontraron así. Es el nombre del chico del distrito siete, por si no lo recuerdas. Aunque pesándolo bien no veo que tributo o muto te podría dejar inconsciente sin razón ¿Recuerdas que hacías antes de llegar aquí?– Tan pronto como lo dijo la desconfianza se instauró en el rostro del chico que se hallaba frente a él, pero aun así respondió.

–Huir, esa cosa, planta, muto… Mató al chico del distrito dos en un segundo. Y luego está ese otro al que llamas Sean. Creo que está loco. Vió lo mismo que yo y sin embargo...–Se quedó callado, aterrado. Nolan no hacía más que observarle tan extrañado como curioso. Definitivamente no comprendía a Sean, creía hacerlo cuando lo vió enfrentarse a aquel muto. Estaba jugando pero no precisamente con los tributos sino con los Capitolios, intentando manejar el espectáculo a su manera. Sin embargo aquella mirada siniestra mientras le sugería el juego..., Tenía que ser una actuación, era lo más lógico. Ciertamente era incapaz de ver al chico pelirrojo como malvado, aunque capaz algo frío.

Por eso no comprendía como todos reaccionaban como si hubiese que tenerle miedo.

–No está loco. Solo es profesional. –Defendió a Sean un poco, intentando no delatar cuanto le simpatizaba. El Capitolio era obvio que lo sabía pero ese chico no, y no tenía porqué. –Afortunadamente estás mejor y no creo que él nos encuentre. No te preocupes. Jack dice que tienes un secreto sobre la arena, la verdad no sé si creerlo, pero sin duda esta no fue la mejor forma de conocer otro tributo. Soy Nolan. –Le tendió la mano ante la mirada del desconfiado chico, que no terminaba de entender sus confianzas.

–Radón. –Murmuró rehusando estrechársela y echó un vistazo a su alrededor, estaban en un rincón solos ante la oscuridad mientras los, imaginaba que, aliados, del chico del distrito ocho descansaban. Distinguía las piernas del chico alto del doce. Se quedó callado un momento, intentando distinguirlos a todos, pero la oscuridad no ayudaba y Nolan no parecía querer llevar su linterna hacia allí. De hecho la había soltado a la par que se sostenía el brazo mal vendado con tiras de su traje, como si de repente no lo notase bien.

–Ese brazo… ¿Dónde?–Se quedó callado observando, rezando para que el chico no se quitase las vendas ante él. No le gustaba la visión de la sangre. Nolan hizo una mueca.

–Los mutos del Capitolio no destacan por su simpatía. –Replicó con agrio humor. –Juraría que la limpié y desinfecté en su momento pero duele. Será porqué estaba horrible. –Su humor subió al ver que un pequeño túnel se abría en la pared, y le llegaba un paquete con un rollo de vendas, agua y medicamentos. –Conque así los mandan aquí...–Murmuró. A este paso juraría que su mentor se estaba arruinando con él, y no le culminaba de gustar.

Jared no debería de arriesgar tanto, todo irá mal si gano” Pensó agachando la cabeza, también venía adjuntada una nota con un extraño mensaje:

“Cada regalo significa un paso en la dirección correcta. Aprovechalos, bien. J.”

El chico del distrito cinco arqueó una ceja al leer esa nota en voz alta. Dirección, ¿qué dirección? Inspeccionó los regalos: Agua suficiente para beber y limpiar un poco una herida, las vendas, y unas pastillas para infecciones y dolor, cuanto envidiaba la fama de algunos tributos ahora mismo. Se quedó pensando en lo que le había dicho el chico del distrito ocho, su secreto, era extraño, no poseía nada que pudiera categorizarse como tal a menos que…

Recordaba aquel momento, explorar la cueva había sido una delicia los primeros días. Todo estaba tranquilo, nada se movía, solo él. Cuando vió los cristales en este tercer día simplemente se quedó mudo, luego recordó que no tenía armas, sólo piedras del camino y decidió aprovecharlas en algo útil. Se sintió bueno tener algo para defenderse por unas horas, luego rememoró la forma que le había caído. Y giró su mano viendo que su herida lucía inusualmente limpia. Nolan sonrió al verlo.

–Al parecer te cortaste con algo pero no era nada grave así que la dejé así ¿Puedes mover la mano?–Lo intentó y, aunque todavía le punzaba un poco, podía hacerlo.–Bien

–Cristales–Murmuró.

–¿Cristales?–Articuló Nolan sin comprender, ¿estaba revelando el secreto? El chico asintió.

–En esta cueva hay cristales. No recuerdo dónde, todo se movía hoy. Intenté usar uno como arma pero se me cayó al encontrarme el del distrito cuatro. Me asustó. Lo cierto es que no sé de qué habla tu aliado. –Mintió un poco, había visto a Sean descubriendo el truco antes que él. Girando el cristal encantado ante lo que ocurría en la pradera, un lugar que ni por asomo había pensado visitar antes de aquella persecución. Demasiado abierto para su gusto.

Nolan asintió despacio.

–Ya veo. –Susurró. –¿Podrías ayudarme a revisar el brazo? Duele. –El chico hizo una mueca pero asintió. Nolan no parecía querer hacerle nada, quizás se equivocaba al juzgarle, quizás no había sido él quién le había dado. Quizás ese chico al que nombraba… Jack… No podía hacer conjeturas a la ligera pero se sentía como si estuviera en la boca del lobo, y a la vez aquel era el lugar más seguro en él que se podía hallar.


– ¡No!–El grito de Cynthia despertó a William de su ensoñación, justo después sonó un cañonazo, aunque se oía bastante lejano. Todavía no amanecía. O al menos no lo parecía por la escasa luz en la tienda. Era el turno de guardia de Miller, y él había pretendido descansar con su novia un rato, pero parecía imposible.

– Cynthia, ¿estás bien?–Le susurró. Ella asintió, pero cuando el chico quiso volver a agarrarla, para dormir abrazado a su cuerpo, (como lo había hecho hasta ahora), ella se alejó.–Solo ha sido una pesadilla, venga. –Negó con la cabeza, estaba asustada, William no sabía porque pero lo estaba. Aparte, en sus ojos había restos de lágrimas.

¿Había llorado? ¿Por qué? ¿Qué le ocurría hoy?

– A- aléjate de mí.–Le pidió bajito. William le miró a los ojos, unos ojos que le observaban como si él fuera la causa de sus pesadillas, y no el remedio. Pestañeó sorprendido.

–Sabes que no debes tenerme miedo, ¿verdad?–Formuló con cautela, la chica asintió. –Que siempre te protegeré.–Otro asentimiento. –¿Entonces por qué no me dejas acercarme?–La chica agachó la cabeza sintiéndose culpable, ya lo había despertado en algunas ocasiones, pero hasta ahora no se había animado a alejarse de él. Del rostro que veía en sus pesadillas, matando por ella, regodeándose en el sufrimiento de los demás y echándole la culpa. Y al mismo tiempo no debía hacerlo.

Porque todavía recordaba las palabras de Knight, debían abogar el uno por el otro siempre. Aparte no es que odiase a William, por más que su cabeza se empeñase en decirle lo contrario. No podía odiar a quién siempre la había tratado bien, a quién siempre la había protegido, aunque fuese de una forma excesiva.

– Yo...–Articuló de forma tímida, no llegando a formular ninguna frase. Estaba reaccionando como una estúpida.–Es mejor que durmamos en tiendas separadas. No te estoy dejando dormir bien. –Era mejor así, actuar pensando en él, y no en ella, rechazarlo unicamente le perjudicaría pero también despertarlo a cada una o dos horas de noche lo hacía. No lo dejaba recuperarse, y entonces no podría protegerla.

Si eres demasiado buena hazte amiga de todos y consigue que te protejan siempre. Si estás enamorada de alguien utilízalo para que te proteja en la arena...” Esos habían sido los consejos de su estilista. Y su alianza, William, todos deberían servir a ese propósito, ayudarla, protegerla. Por más que se sintiera mal era lo único que podía hacer por vivir.

William suspiró.

– No me interesa dormir bien si tú no lo haces, ya lo sabes. –Le confesó, ella no dijo nada pero evitó su mirada, arrepentida. –Pero ya que tampoco lo estás haciendo conmigo lo intentaremos a tu modo. –Sentenció y salió de la tienda.

Cynthia suspiró para luego tenderse mirando al techo, no sabía que hacer. Creía que tenerlo al lado espantaría las pesadillas, pero ahora que él era la causa no estaba segura de qué hacer. William no dejaría de protegerla, aunque ella no quisiera, no dejaría de matar por ella, por eso se había ofrecido a este espectáculo voluntariamente. Sabiéndolo era inútil disuadirlo, no lo conseguiría, aparte tampoco es que quisiese morir. Tenía una familia por la cual volver. Pero William, sus métodos…

No le gustaban, estaba siendo cruel y desmesurado, quizás lo hiciera para ganarse el favor de esa gente. Pero aun así no parecía que el sufrimiento en los ojos de otros le importase mucho.

El problema es que a ella sí. Por eso tenía esas pesadillas, su corazón, su mente, todo le rogaba por un modo de evitar semejante masacre a favor del Capitolio. Y no es que no quisiera, simplemente…

Simplemente, los juegos no trataban de lo que ella quería, aunque no lo pareciera, trataban de elecciones. Elecciones por una estrategia que la ayudase a vivir. Y si su estrategia se basaba en William, en el frente unido que debían mostrar, no podía discutir con él frente a las cámaras por su modo de llevar los juegos. Era estúpido, perjudicial e inconsciente. Era mejor callarse y acatar.

El problema es que, tal como le había dicho a su chico durante las entrevistas, no podía dejar de sentir, no podía dejar de sufrir.

Quizás hubiese llevado mejor la supervivencia al lado de otro. Si solo Nolan y yo no fuéramos tan parecidos, si él no fuese un rebelde, quizás...” Sacudió la cabeza rehuyendo aquellos pensamientos ¿Qué estaba haciendo? Nolan ni siquiera era una opción, era el enemigo del Capitolio, probablemente los vigilantes estarían organizando un modo efectivo de matarlo ahora mismo, sino fuese porque William y él se habían enfrentado en el baño de sangre.

Sí, era mejor seguir con los profesionales aunque le doliese, al menos estaba fuera del foco asesino de los vigilantes, y podía sobrevivir.


– ¿Discutiendo con tu novia?–Inquirió la chica del distrito dos al ver a William salir de su tienda. Parecía un poco aburrida.

–¿Podrías no mencionarlo Mill?–Le contestó William sentándose sobre la piedra de la montaña. –Ya es bastante difícil llevar todo esto para que me agobies con el tema de Cynthia. –La muchacha se río, sentándose a su lado sin pedir permiso.

– Perdona. –Dijo. –Estoy muy aburrida y por aquí no hay ninguna acción.

–Pues no sé si me hace gracia que me uses de entretenimiento. –Murmuró mirándola ceñudo.–Sabes que eso es lo natural acá, ningún tributo se acerca a la Cornucopia sabiendo quienes la vigilan. Y sin embargo te negaste a…

– Sean. –Pronunció con rabia. –No lo soporto. No creo que aguantase en el grupo que formó.–William rodó los ojos con una pequeña sonrisa. Se sentía como si estuviera lidiando con una niña caprichosa, un poco como su hermana, y no con una preparada profesional.

–Dejame decirte una cosa, yo no soporto a Robin y su forma de actuar como si ser profesional le diese el beneficio de hacer lo que quisiese. Y la técnica seductora de Giannira más que agradarme, me agobia. Pero tengo claro que si quiero luchar, si quiero vencer, los necesito de mi lado y no como enemigos ¿No deberías de pensar lo mismo de Sean? Es muy hábil.

–No lo entiendes. – Murmuró Miller apretando los puños, William negó con la cabeza.

– ¡Claro que sí! Perdí a mi hermana en favor de la supervivencia de Finnick Odair el año pasado. Sé lo duro que es eso. Pero también sé que la venganza no debería de dominarme. Todos los años vence una persona de veinticuatro, así son las reglas y tomarla con él no va a cambiar nada para mí. Ni para ti.–Explicó William con serenidad. Miller bufó.

–No, me refiero solo a eso, Will ¿Es que acaso no te das cuenta de qué hace Sean? Ese chico es peor que Finnick.–Protestó, para ella, que se había limitado a adiestrar en el arte de matar, alejada de todos, incluso de sus aliados, era demasiado obvio lo que hacía el chico del distrito cuatro, acercándose a todos. Buscando amigos y metiéndolos en contra de quienes no se dejasen embaucar. Jugaba a que no sabía nada de espectáculo pero era obvio, desde la charla que les dio ayer, que sabía más de lo que aparentaba. De no ser por ella y, tal vez, William, quizás tendría ya a todos los profesionales de su lado.

William por su parte negó con la cabeza, no entendía la comparación, el vencedor del distrito cuatro había ganado de una forma bien distinta de la estrategia de Sean. Siendo adorable y embaucador. Sean a su parecer era muy inteligente pero también valeroso, y usaba esas cualidades en favor de la alianza, no en su contra. No veía momento en que el chico pelirrojo pudiese estar manipulándolo, como sí había intentado Jack, en su momento.

– ¡Arg! No puedo creer que no veas la forma en que ese chico intenta dirigir los juegos, de verdad que no. –Siguió protestando Miller cuando el cielo se iluminó, mostrando el himno y una sola cara.

– Robin. –Susurró William asombrado. –¿Cómo es posible?–Miller se encogió de hombros.

–No estoy segura pero cada vez quedamos menos. Dos tributos y deberemos afrontar a la alianza del chico del distrito siete. William, quería proponerte algo.

– Habla. –La invitó él. Dos tributos, quizás menos, antes de encararse con Nolan, y aun no sabía que hacer. Como llevar ese enfrentamiento sin que Cynthia saliese perjudicaba. No quería que la muchacha hiciese ninguna locura pero no sabía como evitarlo.

–Tienes razón en que la venganza no va cambiar nada para mí. Pero es lo único que tengo, el resto lo perdí al caer mi novio y mi mejor amiga en aquella arena. Si gano no me quedará nada salvo aguantar una rabia eterna frente a Finnick Odair, lo cual no es muy alentador. Podría ayudarte, William, romper la alianza junto a ti llegado el momento; solo si tu me ayudas a mí.

– ¿Qué te dice que necesitaré tu ayuda?–Gruñó William. Ella se rió.

–No seas ingenuo, Will, aparte de tu novia no tienes ningún amigo en estos juegos. Nadie que te ayude si otra persona decide romper la alianza. Yo podría hacerlo, llevarte al final, matarte, matarme a mi misma frente a tu novia, incluso. Y tú… Solo tendrías que olvidarte de que conoces a tus aliados y dejarme actuar como quisiera ¿Qué importa de todos modos? Todos deben morir para que ella viva.

–Lo sé. –Admitió William, tenía razón pero quería evitar llegar a un trato de estas características, aunque lo hubiese meditado como método para llegar al final. Quería evitar que la gente odiase a Cynthia al regresar, pero no sabía como lograrlo.

Quizás deba dejar de pensar en construir un mundo ideal para ella al regresar. Al fin y al cabo me perderá para siempre, estará triste igual.” Pensó. Sí, era mejor cerrar sus sentimientos en favor de su deseo en estos juegos, de eso iba el espectáculo de todos modos.

Pensase lo que pensase de él Cynthia seguiría viva, y eso era lo primordial.

– Está bien. Te ayudaré. No es que tenga otra solución en mente de todos modos–Se resignó, Sean era peligroso en esta alianza, sabía demasiado del juego. Miller también lo era, pero con ella se llevaba mejor. Quizás podría controlarla al final.

Miller sonrío maliciosamente, al fin. Todo estaba bien planeado, todo estaba bien sellado. O al menos lo habría estado si no hubiese surgido la voz de Cynthia.

– No lo hagas William.
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Nota: No hay muertos, lo sé, es otro regalo :P #OkNo. Solo se me alargó mucho y no comencé el día siguiente. Pero creo que la enorme info del capítulo lo compensa xD

sábado, 26 de noviembre de 2016

Capítulo 36: Los caminos de la oscuridad

Con esto de Nano, unos proyectos y otros quehaceres se me olvidó no solo subir el Capítulo sino también seguir la fic. Es como siempre, comienzo con una cosa y luego sigo con otra que me entusiasma más. En este caso un fic de Cinna y Katniss para un reto. Que no sé si culminaré antes del 30, tal vez deba publicarlo en fanfiction ahora, por si acaso, ya veré. Mientras os dejo esto que ya toca.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Problemas con la página de Nouvook

Me comunico con vosotros no tanto para actualizar, aunque me encantaría, sino porqué curioseando por un fanfic que deseaba leer descubrí que la página de Nouvook ya no existe. He intentado ponerme en contacto con ellos a través de la página de facebook, pero al ver que no me contestan tomé la decisión de borrar los enlaces a la historia. Siento mucho los problemas que haya causado a los lectores de allí, pero debéis entender que es algo que escapa a mi control ¡Gracias por leerme, y hasta otra!