Tributos

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Capítulo 48: El nacimiento de la esperanza.

De nuevo perdonen la tardanza pero sin wifi es díficil actualizar en los tiempos. Capítulo 48: El nacimiento de la esperanza.

sábado, 26 de julio de 2014

Capítulo 19: Entrevistas y sentimientos. Parte 1

Hola!!! No estaba segura de querer publicar este capítulo, ya que no tengo más que 27 y no se me ocurren mucho más y aparte el asunto me da bastante tristeza por lo que pasa aquí, todo lo que se entrama pero en fin, es lo que hay y no puedo cambiarlo. Seguramente a vosotros os sorprenderá el curso de los acontecimientos, que soy una chica cruel y todo lo que queráis pero lo cierto es que no lo he hecho adrede. Cuando leí los juegos del hambre el asunto me pareció demasiado fácil, como todo caía gracias a Katniss, una muestra de auténtico valor y realmente me encantó la historia pero entonces me pregunté, ¿si todo esto es tan sencillo como han mantenido el control 74 años? Solo me cazaba a menos que el Capitolio fuera tremendamente cruel y listo de ahí todo el entramado de todo está coordinado, todo está manejado. Los juegos del hambre son un juego y Panem otro, Cynthia no está aquí por casualidad, Nolan tampoco y no son los únicos...¡tachán, tachán!

Capítulo 19: Entrevistas y sentimientos. Parte 1



Enhorabuena Miller, debo decir que estás realmente aterradora. —Ella sonrió complacida. El vestido de la profesional era un palabra de honor rojo intenso y escotado que casi parecía estar hecho a base de sangre, Cynthia no podía dejar de mirarlo, le daba miedo. Al igual que la profesional que en estos momentos se hallaba ahí arriba sonriendo como si esto le gustase realmente. 
 
No pudo evitar pensar que William había reaccionado de igual modo, pero lo suyo bien podía ser una actuación. Sabía que él no era malo realmente, si lo fuera no se hubiera presentado voluntario por ella. Quiso pedirle perdón a él por actuar así, pero tenía razón no podía evitar sentir por más que quisiese. Y ahora mismo lo que sentía no era calidez, como siempre que estaba con William, era dolor. Cada vez que cruzaba la mirada con Nolan sentía como si su corazón se estuviese rompiendo en pedazos, y dolía, dolía demasiado como para prestar atención a nada más. No comprendía por qué le pasaba esto, solo conocía al chico de unos días y no en el mejor lugar. 
 
Vio que William suspiraba hastiado, entendía porque lo hacía, se estaba comportando como una desagradecida en estos juegos y no podía hacer eso. Pero seguía teniendo ganas de encerrarse en su habitación y llorar hasta que acabase esta pesadilla. Quizás William tuviese razón y necesitase salir de los juegos, la estaban destrozando, y eso que apenas acababan de empezar.

William apartó la mirada de Cynthia rápidamente, no podía seguir soportando su mirada de dolor, le hacía sentirse horrible cuando todo esto que hacía era por ella, por sacarla de la arena tal cual era. Buena, delicada, sensible, pura, tal como la quería. 
 
Decidió coger coraje y levantar la vista hacia Miller, al fin y al cabo sus mentores les habían dicho que prestasen atención a las entrevistas un poco. Necesitaba saber la técnica de Miller en estos juegos, aunque dudaba mucho que la profesional fuese tan estúpida como para decírsela. El presentador le estaba preguntando por qué se había presentado voluntaria a los juegos del hambre.

Por venganza—Dijo la chica, sin dudar, y William pestañeó sorprendido, Miller y él se parecían demasiado. —Hace poco más de un año había un chico, un chico al que amaba al igual que los chicos del uno se aman en estos juegos. Nos amábamos desde la infancia y se sentía bien. —El público suspiró comprensivo y emocionado, definitivamente, les encantaban los tributos enamorados en estos juegos.

¿Que le pasó? —Quiso saber Caesar, aunque él ya intuía la respuesta.

Salió elegido en los Sexagésimo Quintos Juegos del hambre y Finnick Odair lo mató. —Declaró ella y ahí William se tapó la boca afectado, para luego observar a Cynthia que se hallaba tan sorprendida como él. 
 
Nunca se había imaginado que la chica del distrito dos hubiese perdido a su amor en los juegos pasados, al igual que él había perdido a su hermana y no pudo evitar pensar que si no fuese por Cynthia, si ella no le hubiese hecho ver la bondad y el arrepentimiento en el rostro de Finnick, después de que intentase lanzarse sobre él en la gira de la Victoria, él también habría acabado presentándose voluntario de todos modos. Sí, definitivamente, Miller y él se parecían demasiado en estos juegos.

No la admires William. —Le susurró Cynthia crítica. —Finnick Odair no es asesino, sino un superviviente. Al igual que todos los tributos que ganan los juegos. 
 
Lo sé. —Susurró y agachó la cabeza, decidiendo no mirar a Miller más. Cynthia tenía razón, no podía, simplemente, volver a odiar a Finnick por querer volver a casa. No era lógico. Aparte, él seguramente iba a matar a muchos hermanos y amantes en estos juegos, y no le gustaría que odiasen a Cynthia por sus actos.

La entrevista de Robin se sucedió rápidamente, el chico del dos solo se sentía orgulloso de representar a su distrito e iba a ganar por conseguir gloria y fama. A Cynthia no pudo evitar parecer-le demasiado superficial, mientras que William vio, indignado, como el presentador le daba la razón en que su nota era simplemente un error de cálculo y realmente se merecía como mínimo un diez. Ni que los vigilantes fueran idiotas, de verdad, ese chico le sacaba de quicio. Debería aprender a aceptar su fallos, no culpar a otros de ellos.

¿Por qué lo apoyan? —Le susurró a Cynthia, enrabiado, ella se rió.

Porque él y Miller son los perritos falderos del Capitolio. —Comentó algo despreciativa.—Cuando no salen elegidos en los juegos les sirven de agentes de la paz, ¿no lo recuerdas?—Él asintió mientras seguía atendiendo. Robin tenía una actitud firme y decidida, si no fuera porque se pasaba los juegos comportándose como si fuese el mejor de todos, y por ello tuviese derecho a hacer lo que quisiese, hasta le caería bien.

¿No te costaría mucho matar-le, verdad?—preguntó Cynthia, él simplemente se rió.

Creo que hasta me sentiría feliz de hacerlo, es un idiota. El mundo estaría mejor sin él—Comentó simplemente mientras el chico bajaba de su entrevista y subía la chica del tres, era una chica poco agraciada de gafas que tartamudeaba seguido. El chico, en cambio, a pesar de que estaba asustado se desenvolvió bastante bien. 
 
En cuanto a Giannira... Giannira era simple y llanamente adorable. Su vestido rosado y largo y plateado, escotado, y vaporoso era digno de una princesa, y el pelo dispuesto a ambos lados de la cara en unas ondas casi perfectas, no ayudaba a que él dejase de mirarla con deseo. No se sentía para nada atraído por ella, pero debía de reconocer que estaba simple y llanamente hermosa. Demasiado hermosa para estos juegos.

Cautivadora, ¿verdad?—Le susurró Cynthia sonriente mientras los dos observaban como la chica coqueteaba con Caesar y el público durante toda la entrevista. Le encantaban sus halagos y que la admirasen en estos juegos le favorecía mucho. —Se ha pasado el tiempo seduciendo-os a todos los tributos de los juegos, y al público con sus encantos. Creo que intenta hacer como Cashmere.—Explicó ella ante la mirada atenta de su chico. No era mala técnica al fin y al cabo pero después de oír a Cashmere hablar de lo ocurrido después de su victoria, no estaba segura de querer que Giannira saliese de los juegos así. Si aquello no la destrozaba lo haría el Capitolio al pretender usarla.
Bueno, era mejor no pensarlo, a saber qué le harían a ella si William cumplía su objetivo y volvía. El Capitolio era simple y llanamente horrible. Realmente no comprendía como William y los demás profesionales pudiesen adorarlo, no lo comprendía por más que quisiese.

¿En qué piensas? —Le susurró William a Cynthia, al ver que miraba a Giannira con algo de pena.
En que es mejor que Giannira no salga de estos juegos. Acabarán abusando de ella, al igual que hacen con Cashmere. —Él la miró asustado.

Sabes que es una acusación muy grave esa, ¿no? —Le dijo simplemente, pero ella lo observó incrédula.

De verdad que no soporto como cada año te crees más sus mentiras William. Esta gente es horrible, punto y final. —Le dijo simplemente, indignada, pero él negó.

Esta gente nos está ayudando Cynthia, deberías agradecérselo de otra manera. —Le reprochó. Ella abrió la boca incrédula. William no comprendía nada, nadie lo hacía, solo ella y Nolan y ninguno de los dos podía,... Volvió a suspirar y decidió dejar de pensar en el Capitolio y centrarse. Tampoco es que pudiese hacer nada contra él de todos modos.


Sean suspiró, hastiado, viendo como los del Capitolio observaban lujuriosos a su compañera de distrito. Se supone que no debería de importarle pero después de lo ocurrido antes de su preparación; de lo que tenían previsto hacerle a Finnick aquí desde que había ganado los juegos del hambre; no podía evitarlo. No podía evitar odiar a esa gente tanto como él. Siempre lo había hecho, pero ahora aún más. No lo comprendía, ¿cómo podían querer aprovecharse de su mentor de esa manera? Él no se merecía esto y Giannira, si salía de los juegos, menos.

Deberías relajarte. —Le susurró la voz de Finnick a su lado.—No puedes contestar a las preguntas en ese estado. —Sean se rió.

No deberías estar aquí, ¿lo sabías? —Le dijo simplemente, y el chico de cabellos bronce se rió con ganas. Seguidamente se encogió de hombros y se sentó en el sitio de Giannira unos instantes, observando a los tributos y a las gentes del Capitolio, reflexivo. De vez en cuando temblaba observando a los vigilantes, sobre todo a esa joven que llevaba persiguiéndolo desde que había llegado al Capitolio, esa vigilante que estaba dispuesta a todo por tenerlo. Se había prometido a si mismo que nunca cedería a ellos. Que no importaba lo que pasase, nunca se rendiría y sin embargo no podía hacerlo. No, si eso significaba condenar al chico que se hallaba a su lado. 
 
Suspiró y Sean le sostuvo la mano unos instantes.

No lo hagas Fin. —Le dijo entonces, en un susurro. —No cedas a ellos por mí. Puedo sobrevivir, puedo ganar. No necesitas hacer eso. —Pero Finnick negó rápidamente, resignado.

Sí que lo necesito, Sean.—Insistió. —Me duele, pero realmente lo necesito. Los juegos no son según nuestras decisiones, sino según nuestros actos, y si ya es bastante doloroso que tanto tú como yo hayamos sido condenados solo por ser diferentes. Imagínate lo que siento al ver que estás aquí por mi culpa, que vas a morir por mí. No puedes ganar si ellos están en contra tuya Sean, ¿comprendes? Nadie puede. —Le confesó el vencedor resignado y Sean observó al Capitolio manteniendo la rabia en su interior, no importaba que los odiase, no podía hacerles nada.

Comprendo. —Dijo simplemente. —Pero debes comprender, tú también lo que supone esto. Lo que vas a perder si gano ¿Crees que podrás soportarlo? Piénsalo bien, por favor. No es una elección, es un sacrificio. —Su mirada osciló al Capitolio unos instantes, seguidamente a él y, finalmente, a los demás tributos reunidos en los juegos, sobre todo a Cynthia y a Giannira y añadió.—Un sacrificio doloroso. Lo vas a pasar fatal. 
 
Finnick, por su parte, suspiró cabizbajo y dijo con sinceridad:

Voy a pasarlo mal de todos modos Sean, no importa lo que haga, lo sabes tan bien como yo. —Reconoció, Sean suspiró, seguidamente inspiró hondo y le abrazó, agradecido y comprensivo.

Está bien. —Le susurró, con voz casi inaudible. —Dejaré que abogues por mí ante ellos. De todos modos es la única solución que tenemos así que...—Sus palabras se vieron interrumpidas por la voz del presentador diciendo el nombre que menos quería oír en estos momentos:

Sean Kingsley—El tributo pestañeó unos instantes, desconcertado, y los espectadores del Capitolio levantaron la vista hacia ellos realmente sorprendidos por verlos así. Finnick, por su parte, sonrió con malicia, mientras Giannira bajaba de su entrevista, bastante satisfecha, pero su mirada se tiñó de incredulidad al verles.

¡¿Me podéis decir que pasa entre vosotros dos?!—Exigió. Sean simplemente sonrió y declaró un "ahora lo verás" antes de encaminarse a su entrevista. Giannira lo observó unos instantes, intrigada, seguidamente sacudió la cabeza y se dirigió al vencedor con el rostro tintado de arrepentimiento y decisión. Tenía que hablar con él. No era el mejor momento, pero a saber cuando podrían discutir sin que les oyesen.

Finnick, lo que dije antes. No tienes porque hacerlo si no quieres. Me encantaría ganar porque no quiero morir, pero no tengo derecho a aprovecharme de ti de esa manera. —Le confesó entonces, pero Finnick se encogió de hombros, quitándo-le importancia.

Iba a tener que hacerlo de todas maneras. No puedo permitir que os amenacen. —Explicó, ella levantó la vista hacia el Capitolio algo asustada, seguidamente a Sean, que se concentraba en ser simple y llanamente encantador en su entrevista, y al chico que aún se hallaba a su lado. ¿Realmente serían capaces de hacer eso solo por tenerlo? Aún no terminaba de creerlo.

Ya veo, esto es más complicado de lo que creía.—Terció. —Sobre Sean y yo, lo de esta mañana,... —Inspiró hondo, intentando armar una disculpa, una cosa era que se pasasen los juegos nivelándose y compitiendo entre ellos, y otra que discutiesen ante sus mentores. Ellos no tenían porque soportar su juego. Pero Finnick se rió con ganas, observándola sonriente.

No te preocupes por eso Giannira, sé vuestro secreto. Siempre lo supe, al igual que el Capitolio siempre supo el nuestro. Por eso él está aquí.—Le dijo en tono cómplice y señaló al escenario donde Sean decía unas palabras que la dejaron atónita. —Intenta no presionarlo, ¿vale? No presionarlo y ser paciente, tarde o temprano él te lo explicará todo. Es lo que hace conmigo.—Finalizó con una hermosa sonrisa, antes de volver a su sitio, preparado para la sorpresa final.


Sí, sí que pasa Caesar, Finnick y yo somos algo más que mentor y tributo, somos amigos. Amigos que se asocian y protegen mutuamente desde jóvenes. Nos conocimos hace tres años y desde entonces siempre lo he protegido y cuidado, al igual que él a mí. Finnick y yo somos amigos y asociados, nunca nos hemos separado y me dolió mucho que él saliese elegido el año pasado, al igual que a él ahora le duele que esté yo aquí. —Decía el tributo del distrito cuatro con valor y firmeza ante todo el Capitolio, que lo miraba extrañamente sorprendido y afectado. 
 
Su entrevista había sido un ajuste de encanto y valor increíble, pero aún faltaba la última sorpresa, lo que haría que el Capitolio le recordase para siempre, viviese o no. La verdad. 
 
Nos queremos mucho, al igual que dos hermanos. Por eso él volvió, por mí. Y yo haré lo mismo.—El público gritó emocionado mientras el chico, en una acertada imitación de William en su entrevista, cogía el micrófono y se dirigía a Finnick, quién no podía evitar mirarle apenado y emocionado a la vez. —Volveré Finnick, amigo mío, volveré y nos reuniremos de nuevo, te lo prometo. —Juró Sean y el público, completamente incapaz de controlarse, comenzó a gritar de una forma tan emocionada como lo había hecho en la entrevista de William. Cynthia no podía más que observarle incrédula, a él y a Finnick. No podía creerlo ¿Cómo podía poner el Capitolio al vencedor en esta situación? Se supone que era su primer año, no debería de ser tan duro,...

William por su parte se quedó observando a Sean chocado, seguidamente inspiró hondo intentando olvidar sus sentimientos y nivelarse. Era obvio que estos juegos estaban hechos para él, para él y para que cumpliese su venganza, pero no podía hacer eso. No podía dejarse llevar de aquella manera, no sería correcto. Por más que cada vez que mirase a vencedor y tributo no parase de recordar los Sexagésimo Quintos Juegos y a su hermana en ellos. Finnick no se merecía eso. Ningún vencedor se lo merecía...

No puedo creer que el Capitolio le haga esto a Finnick. —Declaró ella incrédula y afectada, observando como Sean y Finnick se abrazaban ante las cámaras, justo en el momento que sus trajes comenzaron a brillar de rojo y amarillo, un extraño truco solo para causar impresión. Él asintió, normalmente estaría indignado porque acaparasen al Capitolio de esa forma, pero, en ese caso, no podía evitar sentir, a pesar de sus ansias de venganza, una total comprensión por el vencedor. Realmente comprendía que hiciese eso por su tributo, él también lo haría de estar en su lugar.

Créeme, yo tampoco. —Murmuró William, sin quitar los ojos de Finnick. —Es casi tan malo como lo mío contigo aquí.—Ella asintió, era incluso peor, William tenía la oportunidad de dar su vida por ella. Finnick no y era obvio que aquello lo destrozaba, lo notaba en su mirada mientras abrazaba a su tributo como si le fuese la vida en ello. Seguidamente desvió la mirada, alternativamente, entre Sean y su chico y declaró.

Y sin embargo, quieres matar a Sean—Su chico tembló levemente, en un intento de controlarse, pero asintió. —Por Finnick. —Volvió a asentir y la miró repentinamente avergonzado por sus deseos inapropiados de venganza, seguidamente dijo. 
 
Lo sé, es una estupidez. 
 
Sí, lo es. —Le dio la razón Cynthia, comprensiva, pero finalmente suspiró y afirmó decidida. —Pero está bien, porque yo no puedo hacerlo. Ahora cada vez que lo miro pienso en él y en Finnick, y en que su relación es similar a la nuestra solo que no están enamorados. Son como hermanos Will, y no dejo de pensar en lo desolado que estará el vencedor si Sean muere en estos juegos. —William asintió, tenía razón, Sean y él tenían prácticamente la misma forma protectora de tratar a las personas queridas para ellos. Por eso se imaginaba, que en realidad, y a pesar de lo unido que estaba al asesino de su hermana, el tributo del distrito cuatro le simpatizaba tanto. Se parecía a él en algunos aspectos. La diferencia era que Sean no se había presentado voluntario por Finnick en los juegos pasados. Inconscientemente se preguntó por qué no. ¿El final de los Sexagésimo Quintos Juegos hubiese sido diferente por aquel entonces? Era evidente que no, Sean parecía más capaz que Finnick el año pasado, quizás hubiese ganado fácilmente de todos modos. Suspiró y decidió dejar de pensar en las variables de los juegos anteriores, no podía cambiar el pasado por más que quisiese, solo el futuro.

No sé si podré soportar esto más tiempo, William. —Le susurró ella observando a los tributos con pena. —Había decidido no encariñarme con los tributos, pero después de esto, está claro que no puedo evitarlo. Si no puedo matar a Sean, ¿cómo demonios voy a hacerlo con Nolan? Es imposible que nos matemos entre nosotros de ningún modo, ni creo que reaccione bien si otra persona lo mata ante mis ojos. Seas tú o cualquiera. —Él la miró asustado, esto se le estaba yendo de las manos otra vez, bueno tarde o temprano tendrían que hablar del asunto. El capitolio no iba a permitir que los tributos se alejasen eternamente unos de otros, tarde o temprano tendrían que encontrarse, tarde o temprano tendrían que matarse, les gustase o no. Así que era mejor afrontar el problema de raíz y superarlo, sino iban a tener un grave problema al final. —No sé si soportaré verlo morir sin hacer nada por evitarlo, al igual que tampoco soportaría verte a ti. Tenías razón, Will, no debí comportarme con él de esa manera, debí de haberle pedido alejarse de mí desde el inicio. Haberle insultado, haberle tratado mal, al igual que tú, a pesar de que me doliese porque en el tejado me ha consolado mucho aquel día. Sería más fácil, ahora no puedo matar-le y me duele. 
 
Y lo hizo, se puso a llorar ante él. A llorar inconsolablemente y él, literalmente, la abrazó con cariño, no podía verla sufrir así, por más que tuviese razón.

Y todo esto porque no quise afrontar los juegos y preferí actuar como si no existiesen, rehuyéndolos como la estúpida que soy. Soy horrible, soy definitivamente horrible. No merezco que me salves por más que quieras. Deberías de concentrarte en volver, es lo mejor— Le dijo, sinceramente, intentando alejarlo de ella, ahora mismo se sentía como un monstruo, no debería pero lo hacía. Lo que había hecho era horrible, por más que no pudiese controlar sus sentimientos con Nolan. No debería de haber traicionado al chico que en estos momentos se hallaba ante ella y no debería de seguir soportándola. No era él quién había reaccionado como un estúpido, sino ella, no merecía su amor, por más que le doliese. —Yo solo merezco morir. 
 
Finalizó arrepentida, pero William a pesar de que sabía que tenía razón, no la soltó, no podía dejarla por más que debiese y estaba claro que ella tampoco, sino no habría dicho aquello en la entrevista. Lo suyo era una situación insoluble, siempre estarían dispuestos a dar la vida el uno por el otro, pasase lo que pasase entre ellos. Estaban demasiado unidos.

Cynthia...—Dijo con cuidado intentando no sucumbir a la tristeza, también. —No digas eso por favor. Me estás rompiendo el corazón, no podría soportar perderte. Lo sabes, ¿verdad? —Ella asintió cabizbaja, suspirando, seguidamente dijo:

Pero tampoco podría soportar perderte a ti William, ¿lo comprendes? —Él asintió observando como ella desviaba la mirada hacia el tributo del distrito ocho pero él, por una vez, no le respondió sino que actuó como si no la hubiese visto, haciéndolo sonreír satisfecho. —Si Nolan muere, creo que podré superarlo. Con tal de que no lo maten ante mí creo que lo haré fácilmente. Basta con que no volvamos a encontrarnos en los juegos hasta el momento en que vea su cara en el cielo. Me dolería pero definitivamente lo soportaría. En cambio tú...—Lo miró a los ojos completamente rota, seguidamente se tiró sobre él abrazándolo con un amor y cariño sin igual.

No podré soportarlo por más que quiera, William, nunca podré. Por eso estoy así, no puedo afrontar perderte. No puedo, simplemente no puedo. Soy horrible, punto y final —Él negó y le apartó las lágrimas conmovido y desolado, estaba comenzando a comprender-la, a comprender su actitud, su negación. No es que no pudiese afrontar los juegos del hambre, lo que no podía afrontar era perder-lo a él en ellos.

¿Me amas más a mí, verdad?—le susurró entonces observándola maravillado, ella asintió.
Siempre. —Dijo con sinceridad adorándole y finalmente se besaron olvidando-lo todo de nuevo. No podían evitarlo, se amaban, se amaban de verdad y siempre lo harían, pasase lo que pasase entre ellos.
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Bueno, ahora ya puedo colgar la nueva ficha de Miller y es lo que haré en nada, respeto a los trozos de entrenamiento he empezado a escribir la historia vista por Sean y Giannira, no llegaré más que hasta el capítulo de los resultados de las pruebas (12 o 13 no recuerdo xD) porque a partir de ahí ya teneís suficientes escenas de ellos dos. Pero no sé si podré publicarlo, pues como veis según palabras de Finnick ellos tienen un secreto que no se desvelará en la historia oficial hasta el capítulo 22, su juego propio y bien desarrollado y por ello no sé si deciroslo o mantenerlo oculto hasta entonces. Por ahora intentaré con la segunda opción, sorry xD

PD: Así es como me imagino el vestido de Giannira. Sí, ya lo sé, debí de colgarlo antes pero en fin. xD

2 comentarios:

  1. Tu historia me enamora♡♡♡ Escribes realmente bien!! Te pasas por mi blog? Es de ljdh micuartovasallajedelos25.blogspot.com

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Queridos tributos, aunque me encanta que esteis aquí y me leáis, me gustaría aún más que me dejarais vuestra opinión. Es lo que me anima a seguir la historia más que nunca.^_^