Tributos

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Capítulo 43: Punto determinante

Como hoy también mis emociones jugaron a la montaña rusa subiré el siguiente Capítulo, aviso sobre dos cosas, la primera es un poco caótico ...

sábado, 14 de noviembre de 2015

Capítulo 32: Los dilemas del miedo.

Debo pedir disculpas por retrasarme tanto, quería tener listo el capítulo 34 antes de publicar, pero no hay manera, no me sale escribirlo. u.u. Así que no os hago más esperar y os dejo el que toca, espero que os guste. :)



Capítulo 32: Los dilemas del miedo.


Miedo...Era eso lo que la había hecho gritar a la joven morena del distrito ocho nada más descubrir a la bestia, que ahora se agazapaba bajo el árbol, y amenazaba con tumbarlo con una fuerza inusitada. Parecía un lobo aunque su altura, envergadura y fortaleza hacían pensar lo contrario. Cuando se había encontrado con él, en medio de una expedición de comida que habían organizado ella y Jara hace unos minutos, no había pensado mucho antes de echar a correr hacia el primer árbol que encontró. Su aliada le había enseñado a escalar las réplicas de árboles y montañas que había por el centro de entrenamiento, por si acaso le servía de algo. Sabía lo suficiente de supervivencia para sobrevivir unos días, ahora caza y pelea era una nulidad. Incluso a Jara, siendo más joven que ella y con menos ansias de sobrevivir, se le daba mejor coger un cuchillo, o la lanza de madera que se había hecho, y enfocarla hacia un objetivo. La misma lanza que ahora enfocaba a la bestia, la chica del distrito 11 inspiró una, dos veces, y la lanzó para luego saltar hacia la rama donde estaba la chica morena temblando, y le cogió la mano para aportarle apoyo. Ella la miró asustada.

—¡Vamos baja! Podemos zafarnos.—La criatura ahora acababa de retroceder ante el arma y les observaba agazapada, Annabelle negó con la cabeza pero la chica la empujó animándola a hacerle caso y bajar por el otro lado del árbol. —¡Annabelle, por favor!, ¡confía en mí! Puedo distraerlo mientras te diriges a donde estés segura. —El rostro de Cris apareció involuntariamente en su cabeza, con él sí que se sentiría segura, pero no quería meterlo en problemas.

—Pero...—Articuló temerosa, su aliada comenzó a lanzar piedras y otros objetos lo más contundentes posibles, con el fin de desestabilizar al lobo que les vigilaba, a la vez que la instaba bajar. —Está bien.—Suspiró, no había alternativa. Se deslizó rápidamente por el tronco y se echó a correr, seguida de cerca por la chica del distrito 11, en cuanto se le acabaron los utensilios que lanzar, y el lobo pisándoles los talones. Era demasiado obvio que iban a perder, o eso creía cuando lo vió. A él, la razón de que aguantara un minuto más, esperando ver su rostro lleno de valor y, quizás, ayudarle a sobrevivir.

Cris.


La bestia era sorprendente...Fue lo primero que pensó Cris al ver ese lobo grande y gris persiguiendo a la joven morena del distrito ocho, aquella a la que debía admitir que le atraía mucho, y con la que era mejor no encontrarse. Porque no soportaría verla morir.

También fue lo último, apenas acababa de llegar a la explanada donde él y sus amigos creían que provenía el grito, cuando Annabelle, literalmente se tiró sobre él. La rodeó con los brazos, intentando reconfortarla lo más que podía, mientras que ella, temblando, le agarró como si fuera su bote salvavidas, sucesivamente se oyó un grito y todo se rompió...

La bestia no había desaparecido, obviamente, había atrapado a Jara, a la cual el joven del distrito doce no había prestado atención, de lo concentrado que estaba en Annabelle. Se sintió mal por un minuto, más poco podía hacer, no podía salvar a todos. Annabelle se quedó congelada, apretándose más contra su cuerpo como si por eso pudiera dejar de estar en la arena. Cris ladeó la cabeza intentando ver algo, y, ante el reclamo, la propia chica se giró, pero inmediatamente se arrepintió.

La chica del distrito once estaba en el suelo, su espalda desgarrada, ella girándose intentando hacer frente a ese lobo grande con valentía y dolor, protegiéndose a tiempo con sus delgados brazos, los cuales no tardaron mucho en sufrir el acaso de las garras. Tres rayas sangrantes fueron la prueba, la chica se tambaleó, soltando un grito agudo al chocar su espalda dolorida contra el suelo y ya no tuvo fuerzas para levantarse.


Nolan pestañeó sobrecogido por la imagen, seguidamente sacó las dagas, intentando ayudar a la chica, no soportaba verla sufrir. Pero Jack le frenó con el brazo, negando.

—Larguémonos de aquí. —Ordenó con indiferencia y miedo, poco le importaba la chica del once, solo podía sobrevivir una persona aquí. Tanto la tributo del ocho como Cris le miraron asombrados, aunque el chico del doce pareció entenderlo. Quería vivir, estaba aterrado y quería vivir. Oyeron otro grito, el lobo atacaba ahora a la cara de la chica, que apenas podía hacer más que perder la consciencia unos segundos, cuando otro ataque la hacía resurgir. Aquello fue como la gota que rebalsó el vaso para el chico del distrito ocho y en apenas medio segundo que le tomó a Jack distraerse mirando a la tributo, se había zafado hacia la contienda, con el objetivo de ayudar a Jara. Cris gritó.

—¡Nolan!—Inmediatamente llevó su mano al cinturón de cuchillos que llevaba, y al ver lo que iba a hacer, la tributo del distrito ocho lo soltó un poco. Quería ayudar a Nolan pero estaba demasiado aterrada como para moverse, aquello era demasiado para ella. Cris lanzó dos cuchillos que vinieron a incrustarse en la piel del animal, pero aquello solo logró enfurecerlo e iba a lanzarse hacia ellos, cuando Nolan volvió a interponerse atacando a las piernas. Y para retenerlo más, arrancó los cuchillos. Sabía que aquello era demasiado para él, más no estaba dispuesto a permitir que otros sufrieran por su imprudencia, por ello, alzando las dagas para defenderse de los golpes, se giró hacia sus aliados y dijo:

—¡Largaos!¡Ahora!—Jack obedeció retrocediendo, recordaba a medias el camino por donde habían entrado, pero aquello era una opción descartada, los profesionales podían hallarse detrás. Sin embargo, si Nolan u otros entretenían a la bestia, podían escapar por el lateral. Había muchos árboles, confundirían a cualquiera y la confusión era su mejor baza para huir. Intentó hacer una seña a Cris, el cual negaba con la cabeza con testarudez y se disponía a lanzar otra vez, cuando Annabelle entendió las intenciones de Nolan.

No podían vencer, eso era algo seguro pero Nolan era el único que tenía algo así como un seguro de vida, había convertido su enfrentamiento con William en la cuestión central de su existencia y si venía a morir antes, el Capitolio se vería muy decepcionado.

Poco importaban las razones que le habían empujado a aquel enfrentamiento, los vigilantes no podían matarle, podían herirle y torturarle por todos los actos de rebeldía ejecutados pero, la última batalla, el golpe de gracia, le correspondían a William Turner.

Así que, si los vigilantes querían satisfacer al público, se verían obligados a detener a la bestia, o atraer los profesionales hacia allí. Lo primero lo veía poco probable pero lo segundo...

—Los profesionales. —Articuló con voz apresurada y el recuerdo de su ultima ubicación en la mente, no estaban muy lejos. —Están cerca. Nolan, si consigues retroceder, llevar el lobo hacia ellos...Podrías zafarte. Basta con hacer que el animal les ataque.—Nolan la miró, distrayéndose un poco, y la bestia aprovechó para atacar, pero el dolor hizo que retrocediera de forma casi instintiva, dejando así apenas unas débiles heridas en el rostro. Esta rugió y atacó ferozmente con la mandíbula, pero esta vez Nolan estaba preparado y bloqueó los morros del animal con una de sus fieles dagas. Miró al grupillo unos instantes y sus labios formaron una palabra: “huid”, para luego volver a la batalla. Lo intentaría, total, ya no podía retroceder y si la muerte le esperaba al final, seguía prefiriendo que fuese William o cualquier otro profesional el que la ejecutase. Con ellos si que podría evitar el que le hicieran sufrir demasiado. Confiaba en sus habilidades.


“Huid” Esa palabra se estaba repitiendo demasiado en Nolan últimamente, ya fuese en actos o en palabras. Cris comenzaba a odiar el individualismo del chico del ocho, quería hacer algo más que correr esperando a que el otro sobreviviera y lo siguiera. Soltó a Annabelle del todo virando los ojos hacia los cuchillos que le quedaban, eran pocos, luego hacia la tributo del distrito ocho, y otra vez a sus armas. Quería ayudar pero lo último que podía ahora que la había salvado, era volver a ponerla en peligro. Y tanto si lo que decía de los profesionales era cierto, como que los vigilantes decidían dejarles solos frente al lobo; no podía distraerse y dejarla sola. Tenía que protegerla. Brevemente se giró hacia Jack, quizás...

—Si te la confío, ¿podrías protegerla? —El chico del siete le miró como si hubiese alucinado y negó con la cabeza. ¿Acaso se había olvidado del propósito inicial? ¡Aquí solo sobrevivía uno! Igual tampoco estaba dispuesto a hacer de niñera, primero su vida, luego la de los demás.

—Depende, ¿le ves utilidad? Porque si se trata de elegir entre ella y tú, creo que ya conoces mi elección. —Suspiró negando con la cabeza para si mismo, sabía que si se dividían ahora había una gran posibilidad de que tardasen en reencontrarse. Nadie podía establecer si al final los vigilantes no mataban a Nolan de todos modos, y aunque no fuese así dejar señales conllevaba un riesgo. Podrían descubrirlo los profesionales. No supo por qué, al pensar en ello, recordó algo que le había enseñado Jara a Nolan en la luz. Pero no sabía si era un mensaje solo para él, o para los demás. Nolan no había querido hablar del asunto y él solo recordaba un número en la luz, podía ser tanto una señal de buen augurio, como una advertencia. No, no podía confiar en eso.

Nolan seguía luchando, atacando y defendiendo, mientras que Jack había recogido sus cosas y estaba listo para huir. En ocasiones envidiaba su mente práctica y racional. La chica del ocho paseaba su mirada llena de preocupación entre Nolan y la chica del once, para cuando el chico les observó y negó con la cabeza. Ella bajó la cabeza, inquieta, mientras que el chico del doce soltó un sonoro suspiro lleno de inconformidad, que sonó como un gemido. La criatura pareció oírles y, por un momento, tiró a Nolan hacia un lado y quiso correr hacia ellos. Aquello fue suficiente para que Annabelle, presa del pánico, le agarrara del brazo y le instara a huír, justo detrás de Jack que acababa de partir ignorándolos completamente. En un minuto la chica se había olvidado de Nolan y su “solidaridad” por y para con él y corría para salvar su vida. No pensaba en lo que dejaba atrás, la dominaba el miedo. Cris quiso retenerla pero no encontró argumentos para ello, él también quería que estuviese a salvo. En un último vistazo pudo ver que el lobo se retenía en seco, su pierna derecho atrapada en un lazo de cuerda que sostenía Nolan, tirado en el suelo y malherido pero aun capacitado para luchar, y volvía a lanzarse contra él en un ataque más que nada movido por la rabia animal. No tuvo tiempo para adivinar el resultado final y apuró los pasos, situándose así él y Annabelle justo detrás del chico del siete, el cual solo se viró para ver que eran ellos quiénes lo seguían, y no algún profesional o muto. Tenía la intuición de que ya sabía adonde ir, aunque no sabía como.


Jack dejó ver un amasijo de sonrisa al ver que Cris y Annabelle estaban tras él, no estaba seguro de que le siguieran y ciertamente el hecho de estar “indefenso” ante los demás profesionales, (debido a que tanto Nolan como Cris quedasen atrás a luchar con el muto del Capitolio), le preocupaba. Afortunadamente para él, la testarudez y fuerte individualismo del chico del ocho habían jugado a su favor y ahora tenía, al menos, una persona para protegerle las espaldas. Siempre y cuando a este no le diese por interponerse entre cualquier peligro y Annabelle, claro.

Apuró el paso un poco más, no lo hacía por hacer, ni menos se dirigía a ninguna parte. Desde los árboles había tenido ocasión de ver los caminos de la arena, en alguna ocasión, y estaba seguro de que este llevaba a una cueva donde, con suerte, ningún lobo grande podría entrar. Era el mejor escondite. Su certeza se vio confirmada cuando, al final del sendero vio, claramente, la boca negra de la cueva. Se deslizó en su interior, nada más llegar, casi resbalando por lo inclinado que era el terreno. Afortunadamente, la suela de sus botas actuó de deslizante y terminó sentado en el suelo con las palmas de apoyo. En cuanto se aseguró de estar casi ileso, se incorporó, y se giró hacia sus aliados. Le llamó la atención ver luz en la zona, teniendo en cuenta que su linterna se había apagado con la caída, pero no le tomó atención, sino que, simplemente, les dijo, en un tono casi ensayado de vergüenza y preocupación.

—Esto...¿Estaís bien? Siento haberme acobardado. —Y bajando la cabeza al suelo en un gesto extrema culpabilidad consiguió que Cris; (que había aterrizado mejor que él, pero algo encorvado por su altura, mientras que Annabelle estaba casi indemne, aunque bastante sofocada); pestañeara algo confundido antes de dirigirle una condescendiente sonrisa. El miedo era un sentimiento legal.

—No te preocupes. —Le contestó ya sentándose en una posición más cómoda, y observó a Annabelle con una sonrisa. —Creo que estamos bien. —Seguidamente la conciencia de lo que habían hecho cayó sobre ellos, haciéndole cerrar violentamente los ojos en un intento de ignorar las imágenes de lo ocurrido frente a aquel lobo ¿Como había podido dejar a Nolan allí? Fue un gesto tan repentino que, de no ser por el grito ahogado que soltó Annabelle, nadie habría advertido a la joven tributo, que, de forma completamente inesperada, se lanzaba sobre la espalda de Jack, tumbándolo casi al instante. Era demasiado tarde como para avisarle del peligro, pero era obvio que habían pisado terreno prohibido...
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Nota: Tatatata tachán, ¿quién creéis que terminará muriendo al final en esta lucha/luchas? Porque matar no he matado a nadie aun, jajajaja. ¡La respuesta en el siguiente y no os olvidéis del review!

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