Tributos

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Capítulo 48: El nacimiento de la esperanza.

De nuevo perdonen la tardanza pero sin wifi es díficil actualizar en los tiempos. Capítulo 48: El nacimiento de la esperanza.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Capítulo 47: El espectáculo final

Ante todo, mis disculpas por no cumplir con los tiempos pero entre el comienzo del curso, y el SYOT, al cual os invito encantada, no tuve mucho tiempo. Os dejo leer :D

Capítulo 47: El espectáculo final
 
Tan pronto como el temblor se detuvo Cynthia sintió ganas de llorar. Sabía que era una estupidez. Que lo mejor si quería vivir era dejar que aquellos dos se matasen mutuamente. Que no llegase al final con ninguno de los dos y Sean o Jack, no lo soportaría, no sería capaz de impedir que cualquiera de los dos los matasen, ya lo había intentado en el banquete de todos modos. De no haberla empujado Nolan seguramente habría encontrado una forma de matar a Sean por William, el chico había hecho lo correcto. Lo sabía, pero aun así no podía evitar pensar en aquellos dos cediendo al juego, batiéndose solo porque ella llegase al final y le dolía tanto...

"Maldita sea, Cynthia, no pienses en ello. Reacciona, sigue. William no querría esto de ti." Pensó apretando los puños. No podía rendirse ahora, se lo debía a William, por su sacrificio, debía luchar por vivir incluso aunque una parte de ella ya sintiese que se iba a quedar destrozada al regresar. Debía hacerlo. No quería quedarse en la arena, no quería morir.

Así que sacudió la cabeza, intentando reprimir las lágrimas lo más posible y se mentalizó para avanzar en busca de la salida del túnel donde le había llevado el temblor. No podía volver atrás de todos modos, no dado la grieta que yacía tras ella, debía seguir.

Dado el cristal que yacía entre sus manos era obvio donde estaba la salida, adonde la llevaba, aquella reluciente pradera desde donde se filtraban ruidos de batalla. Al parecer no había nada que le impidiese avanzar, los vigilantes habían renunciado a matarla nada más verla matar a la chica del distrito nueve y, en cierto modo, lo agradecía. Significaba que tenía una gran oportunidad de ganar, incluso aunque lo que hiciese por ello fuese horrible.

Sacudió la cabeza, mentalizada, no estaba en su distrito, estaba en los juegos del hambre, y era obvio lo que debía hacer si quería ganar.

Sin embargo, cuando llegó a la salida, al ver a Jack y Sean batallando no se sintió capaz de alzar la ballesta para matar a ninguno de los, lo veía tan traicionero, tan vil... No, en definitiva, no podía, era mejor replegarse y esperar a que uno de los dos muriese. Seguía siendo horrible pero si quería vivir era mejor dejar de pensar en ayudar a cualquiera de los dos, tendría que matarlos y le sentaría mejor hacerlo sino les ayudase antes. Inspiró hondo intentando reprimir las lágrimas, no pensar en lo que iba a pasar en cuanto se oyese el cañonazo de cualquiera de los dos, pero al oír aquel grito agudo ya no pudo controlarse.



Y salió, quedándose horrorizada ante el espectáculo que se sucedía ante sus ojos, la forma en que Sean sostenía al chico del siete contra el suelo para desgarrarlo cada vez más crudamente. Completamente roto, descontrolado, y enloquecido. Nolan tenía razón, Sean no podía ganar los juegos, no lo soportaría. No es que ella lo hiciese mejor, pero ya desde el momento en que quedó claro que William iba a morir por ella, hiciese lo que hiciese, había aceptado las consecuencias de aquello. Su dolor. En cambio, él parecía haber olvidado todos sus principios al morir Giannira, como ganase así...

– ¡Sean, detente, por favor!–Gritó, intentando frenarlo, no soportaba ver al chico del distrito siete sufrir así, no se lo merecía. Justo cuando sonó el primer cañonazo desde la cueva, sacudió la cabeza intentando olvidarlo, no pensar en que William o Nolan acababa de morir. Iban a hacerlo de todos modos porque ella viviese. Y el chico del cuatro se detuvo en seco, como esperando algo, otro cañonazo que lo hizo sonreír más satisfecho que otra cosa. – Él no es...–Pero no tuvo tiempo de culminar su frase porque enseguida el chico del siete reaccionó, clavándole aquel cuchillo y un latigazo de dolor recorrió al chico del cuatro, haciéndolo soltar a su contrincante, casi paralizado.

Nada más ver a Sean alejarse, casi sucumbiendo al veneno de su arma Jack se sintió algo esperanzado hasta que reparó en ella, Cynthia, y no pudo evitar fulminarla con la mirada al reparar en su realidad. En el estado casi indemne de ella comparado con él. No importaba lo que hiciese, que matase a su rival o no, no iba a ganar los juegos de todos modos.

"Esto no es justo." Pensó. "Él no se merece ganar, ella menos, solo yo" Y apretando los puños, completamente enrabiado, intentó ignorar el dolor crudo de su cuerpo, las rayas sangrantes que lo cruzaban de tal forma que sentía su abdomen explotar en dolor con cada movimiento. Dispuesto a buscar un modo seguro de matarlos a los dos, justo cuando un paracaídas aterrizó en las manos de su rival.

Aquel hecho hizo que Cynthia mirase al cielo horrorizada, mientras que el chico del siete no pudo más que enfurecerse haciendo lo mismo. Era obvio lo que estaba pasando, quién lo estaba viendo todo desde arriba y la chica no podía culparle por ayudar a Sean así, ella también lo haría en su lugar. Pero incluso así como el chico del distrito cuatro ganase...

Sean, por su parte, se rió con ganas de una forma tan satisfecha como aterradora a la par que decía, en un certero susurro:

– Ha funcionado. –Más que alegre, ahora sí que no importaba que muriese. El Capitolio estaría perdido igual. Y reprimiendo las ganas de seguir riendo se aplicó aquel producto, justo en el momento en que el chico del siete le atacaba, más que decidido a matarle. Algo que de nada sirvió ya que la oleada más que aliviadora que recorrió su cuerpo, atenuando el veneno de su interior, le hizo reaccionar de una forma más que sorpresiva. Logrando frenar el brazo de su contrincante con un ataque vertical tan crudo como determinante, un ataque que no pudo más que hacerlo gritar de nuevo, a la par que soltaba su arma, permitiendo así que Sean lo decapitara ante la mirada más que horrorizada de Cynthia.

– No importa, ¿sabes?–Le explicó con una frialdad tan inusual como aterradora en él. Mientras que ella todavía no era capaz de asumir que aquel chico cálido que conoció en el tejado, en los juegos, se hubiese convertido en semejante monstruo nada más morir Giannira. – No importa quién sea, sigue haciendo parte del espectáculo. Todos lo hacemos. Un espectáculo inolvidable para ganar. –Afirmó sonriendo triunfal a la par que la enfrentaba, más que decidido. Y ella, aún sobrecogida, alzó su ballesta, tan dispuesta a luchar tanto como él. Ya no podía echarse atrás de todos modos, no estando en el punto que estaba. Se odiaría si lo hiciese.

– Sean...–Dijo casi temblando, haciendo lo posible por espantar las lágrimas que ansiaban surgir de su rostro al pensar en lo que iba a hacer, en que iba a matar al chico del distrito cuatro ante el vencedor. Pero él no tuvo las mismas reticencias, en el momento en que notó que flaqueaba no vaciló en lanzarle un hacha, obligándola a echarse hacia atrás de un salto, para esquivarla y así no morir.

– No, Cynthia. – Le advirtió con frialdad. – Ni se te ocurra tener compasión. Porque desde luego yo no pienso tenerla. Es el mensaje que pretendía dar a los de arriba al dejarme llevar por mis delirios y matarle así. – Señaló al chico del distrito siete, impasible. – No importa lo que haga, Finnick, conseguiré que paguen.

Horror, eso fue lo que mostró el rostro de Cynthia al escuchar la firmeza con la que decía aquella frase, aquel juramento, observando al cielo crudamente. Al comprender la verdad ineludible tras el estado de su contrincante, si regresaba, lo que le había confesado en aquel tejado, su deseo,... Nunca se cumpliría, al contrario, el vencedor tendría que pasarse el tiempo controlándolo, frenándolo por todos los medios posibles ya que si no lo hacía, si se descuidaba un solo minuto, Sean... No importaba que le doliese, aquella era la mejor solución para los dos.

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Pero, ¿realmente lo era? ¿realmente todo se arreglaría con la muerte de Sean Kingsley en estos juegos? Quizás lo hiciese para ella, porque viviría, y en parte para Finnick Odair porque no tendría que soportar perderlo de nuevo después de lograr sacarlo de la arena, después de advertir, como bien sabía por más que le doliese, que en el momento en que Sean Kingsley estallase sería simple y llanamente incontrolable. Y si lo era, era obvio que el Capitolio buscaría un modo de frenarlo, matarlo, encerrarlo, lo que fuera para que no les causase problemas. Pero, incluso así, dado todo lo que había ocurrido en los juegos, ¿realmente arreglarían algo?

No, en definitiva no, y no precisamente por el desarrollo de los juegos, al contrario, lo que había ocurrido en ellos lo había cambiado todo. Había hecho que por primera vez los rebeldes, tanto en el Capitolio como fuera de él, encontrasen motivos para luchar. Tenían esperanza, algo terriblemente peligroso para el Capitolio. Esperanza en que si no se rendían, si seguían luchando, podrían cambiarlo todo algún día.

Y no solo ellos, Finnick Odair también. En el momento en que había escuchado aquel grito de Nolan había comprendido el auténtico objetivo de Sean con él, y no era más que lo mismo que ya había adivinado antes de su tributo. Desbancar el plan del Capitolio de una forma tan peligrosa como certera, despertando las primeras chispas de la rebelión. Despertándolas y arreglándoselas para que no importase lo que hiciese el Capitolio, en el momento en que advirtiesen sus intenciones, no podrían frenarlo. De ahí su locura. Y sus ojos se iluminaron como nunca al intuir el resultado.

"En cierto modo." Pensó agachando la cabeza, en un intento de no delatar la felicidad, orgullo, y casi admiración que le provocaba Sean en estos juegos. "No puedo culparlo por querer desatar su locura en la arena, iba a ocurrir de todos modos y era hora de que lo asumiese. Es lo que temí al ver la creciente tensión que le provocaba la presencia de Giannira en los juegos. Que no importaba lo que hiciese, iba a sufrir de todos modos. No puedo culparlo por buscarle un beneficio más que obvio al resultado, es tan ingenioso como admirable."

Al ver la forma en que el vencedor sonreía, mientras observaba el esquema que le había entregado, como si fuese la solución a sus problemas, Jared arqueó una ceja.

– ¿En qué piensas? – Le susurró simplemente, divirtiéndose un poco ante los desesperados intentos de Caesar y Claudis por explicar la actitud de Nolan en estos juegos, por remediar el error que habían hecho al darle tanta antena, ya fuese por su amor por Cynthia, su enfrentamiento a William, o los dos. Sabía que aquello era malo, que realmente iba a traerse problemas por apoyarlo hasta el final, pero no había podido evitarlo. No había podido evitar dejarse llevar por todo lo que ocurría en estos juegos. Era demasiado interesante como para no hacerlo.

– En dos cosas, Jared. – Le susurró Finnick Odair con una mirada más que esperanzada. – La primera que me temo que mi distrito está igual o peor que el tuyo, y no precisamente por el incendio de Sean en la arena. Aunque tiene mucho que ver. – Rió un poco, animándolo a inclinarse sobre el papel de tal forma que ninguna cámara oculta, de las que seguramente había en la sala del distrito ocho, pudiese ver lo que estaba diseñando ante él ahora mismo, el símbolo que había visto el mentor del distrito ocho en la nota de Nolan. Y que, si bien no comprendía del todo, debía de ser algo muy peligroso para que tanto el Capitolio como Finnick Odair se esforzasen por ocultarlo a toda costa.

– Y la segunda, que si he acertado, que si lo que está pasando ahora mismo fuera de los juegos es lo que creo. Es muy probable que esto solo sea el principio. Algo ha cambiado en estos juegos, lo sabes tan bien como yo. – Afirmó. El mentor del distrito ocho asintió, sin poder evitar dejar traslucir algo de miedo en su rostro. – Y más que temerlo, lo que deberías es unirte a ello. – Le susurró de forma casi inaudible con un tono tan convincente como firme, un tono muy semejante al que habían utilizado tributos como Jack o Sean para intentar conseguir sus objetivos en estos juegos. – Al fin y al cabo, ya lo hiciste al ayudar a Nolan en estos juegos, ¿no?

Finnick le guiño un ojo, cerrando la libreta de golpe, actuando como si no hubiese pasado nada, como si no le hubiese sugerido unirse a una posible rebelión encubierta, independientemente de los riesgos para su familia de hacerlo. Para luego plantarse ante la pantalla de los juegos, como debía hacer un buen mentor, y sus puños se apretaron de la rabia al ver lo que ocurría en ella.

Y es que no solo Sean estaba tan roto, tan desquiciado que no pensaba en lo que estaba haciendo, simplemente se dejaba llevar por su demencia. Sino que esa gente lo celebraba como si aquello fuese una especie de venganza contra Jack por lo de Giannira, como si les hubiese olvidado la mirada cruel que había dedicado al cielo no hace tantas horas. Una mirada que prometía algo horrible para aquella gente como saliese de la arena. Y le irritaba, definitivamente, le irritaba. Esa gente no advertía lo que acababa de provocar, lo que acababa de desatar al matar a la chica sin que él pudiese evitarlo. Sean no era un tributo normal, ni siquiera era diferente, menos rebelde, estaba simple y llanamente desquiciado, siempre lo había estado, y lo peor es que ni siquiera...era... Su culpa.

– Esto no es justo...–Murmuró para sí mismo ante la mirada más que asustada del mentor distrito ocho. Todavía no había asumido del todo lo que le había susurrado, el peligro que suponía Finnick Odair para el Capitolio con semejante fortaleza y valor en su interior, como para asumir el fuego que cada vez relucía con más fuerza en sus ojos. – Ellos no deberían de poder hacernos esto – Terció en voz baja, y nada más ver su pantalla iluminarse con mensajes, tanto de Thalía, permitiéndole ayudar a su tributo, como de Ellia Novoa, transmitiéndole el remedio ideal para atenuar el efecto del veneno que contenía el arma del chico del siete; no vaciló en teclear los comandos adecuados para que lo recibiese.

Y Jared, al ver aquello, al comprobar, de nuevo, la tremenda influencia que tenía Sean sobre el vencedor del distrito cuatro, el que no importase lo que hiciese el chico en la arena, él lo secundaba sin dudar; no pudo más que observarle tan temeroso como cauteloso. Finnick Odair estaba muy tenso en estos momentos, se le notaba, y aquello era todo menos bueno, no dado todo lo que había ocurrido en los juegos. Como estallase...

– Finnick...–Intentó calmarlo, con cautela, abriendo gran la boca ante lo que ocurría en los juegos. Lo que estaba diciendo Sean ante la chica del distrito uno, la forma en que justificaba sus actos llevado por algo peor que maldad, demencia, psicopatía, ansias de venganza,... Era un conjunto tan explosivo que el hombre no pudo evitar sentir temor ante ello. Ante el peligro que suponía Sean Kingsley para el Capitolio en estos momentos.


– ¿Qué ha querido decir con eso?– No pudo evitar preguntar Caesar desde el plató, completamente confundido y aterrado por el rumbo que habían tomado estos juegos. Por fortuna, Claudis logró escurrir el conflicto aludiendo a la más que evidente demencia del tributo en estos momentos.

Pero aquello no fue suficiente por algo obvio, en la arena la batalla seguía su curso, la chica del distrito uno disparaba, Sean la bloqueaba, para luego lanzar otra hacha que ella logró esquivar justo a tiempo. Agachándose, a la par que disparaba de forma tan rápida y certera que lo detuvo.

Y Finnick Odair al ver aquello, al ver a su mejor amigo morir en pantalla sin que pudiese hacer nada por evitarlo, no pudo evitar estallar.

– ¡Sean!–Gritó, y, tan rápido como imprevisto, se precipitó fuera de la sala, cerrando la puerta con tal fuerza que el vencedor del distrito ocho temió que esta se descolgase de su sitio. Luego se estremeció y sus ojos analizadores observaron a Sean Kingsley que yacía muerto, mientras los presentadores anunciaban más que felices la victoria de la tributo del distrito uno.

– Sea lo que sea lo que querías de él, Sean Kingsley. Me temo que lo has conseguido. – Terció entonces en un certero susurro. – En el momento en que aprenda a dominar el juego será sencillamente imparable.

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Tan pronto como Sean cayó Cynthia no pudo evitar mirar a su arma más que horrorizada. Sabía que no debería, que no solo no había hecho más que defenderse, más que luchar por vivir. Sino que Sean...él... Simplemente no podía ganar, no dado lo que le había dicho, su juramento... Pero incluso así una parte de ella hubiera preferido enfrentarse a Jack.

Y justo en eso momento sonó el anuncio.

"Señores y señoras me llena de orgullo presentar a la vencedora de los Sexagésimo Sextos Juegos del hambre, Cynthia Talvot"

William había cumplido su objetivo. La había salvado, pero a causa de ello, él,... Nolan... Sacudió la cabeza intentando olvidarlo. Olvidar todo lo ocurrido en los juegos, en la arena, por un instante, no es que le sirviese de nada de todos modos.

Pero pronto descubriría que aquello no era no era nada fácil...

Nada más bajar el aerodeslizador por ella una corriente la paralizó haciéndola subir. Casi al mismo tiempo que otros bajaban por los cuerpos de Sean y Jack y ella no pudo más que observarlos con tristeza, a los dos. Al primero por matarlo ella y el segundo porque, simplemente, dejó que el chico del cuatro casi lo torturase, solo porque si lo ayudaba no tendría el valor de matarlo después...

Sacudió la cabeza, buscando centrarse, recibir a los médicos que le dijeron que era necesario dormirla para curar sus leves heridas. Aceptó sin demora, sin ansias de resistirse, no serviría de nada de todos modos. Sin embargo había algo, no sabía qué, que le impedía sentir alivio, le impedía creer que todo hubiera acabado y no se equivocaba.

Algo había cambiado en los juegos, algo se había desatado, algo de lo que, ni ella, ni William, eran culpables, solo habían abogado el uno por el otro en los juegos, por amor. Pero aquello no era tan malo, ¿o sí?

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No, ellos no habían desafiado las normas en sí. O al menos él no, había seguido los planes de ellos hasta el final. El problema era que no solo ella se desvío por sus sentimientos, porque le era más sencillo usarlos para ganar, sino que otros lo hicieron y uno de ellos era una persona en la que por más que quisiera ella no podía evitar pensar.

"No quiero seguir sus juegos, Cynthia"

Nolan.

Y no en vano, el chico había hecho lo posible por llevarla al final, hacerla ganar, seguirle el juego a los vigilantes hasta el banquete incluido. Y alejarla de él en el momento idóneo.

Por eso era ella incapaz de olvidarlo, por eso la última noche de la arena se le había quedado grabada en la mente, una noche que lo cambió todo y no solo por él.

"¡No...Importa...lo que hagáis!"

Sean, el cual enloqueció de tal manera que no solo desató un incendió de grandes proporciones que habría podido acabar con ella, de no ser por Nolan, sino que la forma en que atacó a William y a Jack... La misma con la que podría haberla atacado a ella si quisiera porque, tal y como dijo antes de que se enfrentaran, por vivir, no iba a tener compasión, simple y llanamente la aterró.

Por eso no le sorprendió cuando, nada más cerrar los ojos, la primera pesadilla de las que tendría nada más salir de la arena fuese precisamente con él.

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Y volvió a aquella noche con las llamas rodeándolos, persiguiéndolos en su ansia de destruirlo todo en aquellas cuevas, solo que esta vez los vigilantes no estaban para ayudarlos y nada más llegar justo al final del camino Nolan se vio obligado a retroceder de un salto y el fuego lo rodeó.

¡Nolan!–Gritó, intentando ir hacia él pero la mano de William lo detuvo.

Dejalo. No puedes salvarlo si quieres vivir. – Hablaba con la misma frialdad que le había notado aquella noche, cuando le insinuó que no importaba que aquello no fuese un juego, porque todos debían morir para que ella ganase. Peor aún la forma en que miraba a Nolan, como si realmente disfrutase ver al chico morir de esa manera, era tan aterradora como odiosa. Quiso separarse, alejarse del monstruo en el que se había convertido su novio por ella, sin embargo, cuando lo logró fue peor.

Porque entonces vio que el brazo que la sostenía había sido desprendido de su cuerpo por una hacha, haciéndolo gritar.

Buen argumento, William. – Se burló Sean, siniestramente. – Deberías aplicártelo tú también–Antes de lanzar otra y matarlo, del mismo modo rápido que había matado al tributo del distrito nueve, solo que esta vez no había rastro de sentimiento en sus ojos.

No había rastro de humanidad en su rostro, al igual que en la mañana de la recta final, se había convertido en un auténtico monstruo. Un monstruo dispuesto a todo por vencer y así vengarse del Capitolio.

Y ella... Estaba temblando, definitivamente estaba temblando, no era capaz de lanzar, no era capaz de reaccionar, no después de perder a William y Nolan de esa manera. Por su culpa.

Bueno, Cynthia.–Dijo entonces él, mientras la enfrentaba. – Acabemos el espectáculo como es debido, al fin y al cabo, eso es lo que quieren, ¿no? Vernos destruirnos de la forma más horrenda posible.–Y sin que ella tuviese tiempo de reaccionar le lanzó el cuchillo, haciéndola caer sobre el fuego.

Y Cynthia no pudo más que gritar mientras su cuerpo se abrasaba.

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Y ya Cynthia ganó :D, sé que muchos esperaban una batalla épica, pero entiéndalo, ella es una experta de las largas distancias, es obvio que mientras las mantuviera tendría posibilidades. De cerca la habrían derrotado, ¡y Finnick ha estallado! ¿Y ahora os preguntareis, ¿como es eso si desde los dieciseís él siguió las normas? Pues eso se explicaría en el siguiente capítulo. :)

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